lunes, 16 de abril de 2007

El ombligo

Cada mañana me despierto con el tiempo exacto para vestirme, comer cualquier cosa y salir corriendo para tomar el ferrocarril en Gracia. Varias veces he tratado de despertarme más temprano, pero no hay manera: apago el despertador y sigo dormido hasta que casi se haga tarde. Por eso he decidido que lo mejor es tomar la ducha antes de acostarme y dejar la mochila preparada para salir corriendo cada mañana. A mí me viene bien y a mi novia Marie, mucho más, porque ya no tiene que quejarse de que me huelan mal los pies cuando entro en la cama. Marie tiene la increíble capacidad de despertarse unos minutos antes que yo, y a veces aprovecha ese rato para meterme una bolita de pelusa en el ombligo. Lo hace en silencio y sin que me entere, y si no encuentra pelusa, pues me mete una bolita de hilo de la sábana o una miga de pan. Más tarde, en algún momento del día, yo descubro la pelusa e inevitablemente sonrío y me acuerdo de Marie.
Sin embargo, hoy ha sido distinto: acabo de ver mi ombligo y esta vez Marie me dejó una bolita de papel. He abierto la bolita y adentro había escrito un mensaje con letra minúscula.
No diré lo que dice el mensaje.
Sólo diré que estoy pensando en Marie.

1 comentario:

Boris Matijas dijo...

:) no sé que me hace pensar en el sobaco de burro