jueves, 31 de mayo de 2007

Autocensura 1

Lo que yo diga no importa, y no importa porque nadie lo leerá y porque además, no cambiará nada. Digamos, entonces, que Venezuela no existe y todo lo que yo digo aquí es una invención que se refiere a un país imaginario.
Libre de ataduras morales, hoy me referiré simplemente al hecho de que en Venezuela, ese espacio fantástico y multicolor, no hay censura. Y no la hay puesto que es muy caro pagarle a censores profesionales y resultaría antidemocrático crear una elite de vigilantes que, tarde o temprano, se creerían poseedores de una superioridad moral que sólo el Glorioso Líder Militar puede ostentar sin cinismo y sin despertar envidias. La idea, sencilla y aplastante, es que todos seamos vigilantes y correctores de todo aquella errata mental que se aleje del pensamiento vertical y único del Glorioso Líder Militar, nuestro padre adoptivo que ha venido para militarizarnos la vida. Entonces, para iniciarnos en el hermoso arte de la censura "inexistente", nada mejor que comenzar por la autocensura "inexistente". Aquí les propongo un ejercicio de calistenia:
Abra la boca todo lo que pueda. Observe muy bien su garganta, su lengua y sus dientes. Respire hondo y dígales adiós. Ahora cierre la boca y no vuelve a abrirla nunca más.

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