martes, 5 de junio de 2007

Cuando era feliz y exhibicionista

Cuando Jorge tenía 4 años su mamá solía llevarlo al balneario de Camuri Chico. Eran viajes inolvidables, sudando en el autobús en la cola de la autopista Caracas-La Guaira y esperando ver el mar que aparecía de la nada al salir del túnel El Boquerón. Luego, bañarse con el flotador y jugar en la arena con su cubo y la palita estaba bien, pero era sólo una introducción a lo verdaderamente importante: a las tres de la tarde, su madre lo llevaba al vestidor de mujeres y allí lo bañaba y lo vestía para el camino de vuelta. Y aquel vestidor era, sencillamente, el paraíso: mujeres desnudas de todas las edades, tamaños y colores se paseaban felices y sonreían cuando veían el pequeño pene erecto de Jorge, que no entendía lo que pasaba pero, fuera lo que fuera, le encantaba. Se ponía como loco y corría desnudo por todo el vestidor para no perderse ningún detalle de aquellas increíbles mujeres, hasta que su madre le gritaba:

- Jorgito, ¡quédate quieto o te meto un pescozón! Y entonces Jorge se enfadaba muchísimo, no porque todas las mujeres se rieran de él y apoyaran a su madre, sino porque odiaba que lo llamaran Jorgito. Y bueno, ya se imaginarán que aquella tarde, después de que su mamá lo peinó y le puso los calzoncillos, Jorge la miró muy serio y le dijo: - Mamá, yo no me llamo Jorgito. Yo me llamo Jorge.

Y desde aquel día Jorgito se convirtió en Jorge y claro, tuvo que aprender a cambiarse él solito en el vestidor de hombres y luego esperar a su madre junto a la puerta de salida del vestidor de mujeres. Sí, Jorge tenía 4 años cuando comprendió lo que significa ser un imbécil.

No hay comentarios.: