lunes, 18 de junio de 2007

Mañana me caso

Una nube de vapor cubrió toda la habitación cuando se abrió la puerta del baño. Desde el interior de aquella nube, como un querubín peludo y mojado y caminando con una toalla amarrada a la cintura, apareció Vicente Ambrosio Aguirre, joven e infatigable líder de la oposición derechista venezolana. Atravesó la habitación y se detuvo frente al espejo, sí, frente al mismo espejo ante el cual había practicado todos los discursos políticos con los que había engañado a toda la clase media y se peinó la calva, metió la barriga y luego se arrancó la toalla como si hiciera un strip-tease.
Vicente Ambrosio observó su gallarda figura y pensó que, innegablemente, parecía un tipo de 48 años aunque tuviese 35, pero ¿qué importaba eso ahora? Cierto, ya nada importaba: mañana era el día de su boda con la multimillonaria Rosa Angélica Wasserman, y al fin, Vicente Ambrosio perdería la virginidad.
Durante años, gracias a la masturbación compulsiva y al conmovedor apoyo del padre Bernardo, su guía espiritual, Vicente Ambrosio había logrado guardar el tesorito de su virginidad para entregárselo a Rosa Angélica el día de su boda. Por supuesto, él no sospechaba que Rosa Angélica, desesperada tras una década de espera, ya tenía cinco años practicando sexo anal con su primo Alfredo para así guardar el tesorito de su himen y entregárselo a Vicente Ambrosio el día de su boda... Y bueno, todos tenemos secretos y ahora Vicente Ambrosio, desnudo frente al espejo, se encontraba ante uno de ellos.
Se había hecho la promesa de que ese día sería la última vez que se masturbaría, porque mañana, una vez casado, se dedicaría a derramar su semen en las entrañas de Rosa Angélica para tener, libre de condones y anticonceptivos, tantos hijos como un hámster. Así que Vicente Ambrosio miró su mano derecha, esa fiel compañera que durante años le había dado tanto placer y le dio un beso a modo de despedida. A continuación se concentró en el recuerdo de Yajaira, la señora de servicio que limpiaba en casa de sus padres y a quien una vez vio en ropa interior bailando salsa y zaz, su pene se puso erecto. Pero Vicente Ambrosio, una vez más, sintió un poco de horror: como consecuencia de todos esos años masturbándose como un loco con la mano derecha, su pene se había torcido hacia la derecha de un modo grotesco y desagradable, casi haciendo una vuelta en “u”. Entonces, presa de un impulso incontenible, tomó su pene con la mano izquierda y trató de enderezarlo... - Mmmmpfff... ¡Es imposible! – se dijo, y seguidamente lo apretó con la derecha justo en el momento en que comenzó a sonar su teléfono.
- ¿Aló?
- Vicente Ambrosio, soy tu madre... ¡Ay! ¡Ha ocurrido algo terrible!
- ¿Qué pasó mamá? ¿Más asesinatos, represión policial o un intento de expropiación de otro campo de golf?
- No, no... El Glorioso Líder Militar ha dicho por la tele que sólo se le venderá whisky escocés 18 años a los que están enchufados con su gobierno. Así que la gente del pueblo tendremos que conformarnos con comprar whisky escocés 12 años... ¡Y es lo único que hemos conseguido para la fiesta de tu boda!
- Pero, es que no sólo nos roba la dignidad sino que además pretende envenenarnos... Mamá, ¡déjalo en mis manos!
Vicente Ambrosio dejó la despedida masturbatoria para más tarde, se puso los calzoncillos, metió la barriga, se puso las manos en la cintura y dijo en voz alta frente al espejo: - Pueblo, ¡allá voy!...

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