miércoles, 13 de junio de 2007

Transilvania, a las 6 de la tarde

Lazlo encendió el Skoda Roomster que alquiló en el aeropuerto y dejó atrás los suburbios de Bucarest. Después de algunas horas en las que no dejó de pensar en los orgasmos múltiples de Ivana, pasó junto a la ciudad de Sovata y tomó el desvío hacia el bosque. Transilvania es preciosa y Lazlo se dijo que era una lástima no haber traído a Ivana para revolcarse juntos y destrozar la habitación de algún hotel. Pero bueno, trabajo es trabajo, y ya tendrían tiempo de escaparse un rato de Moscú para amarse a lo salvaje con unas cuantas botellas de vodka.

Detuvo el Skoda a dos kilómetros del punto señalado, cargó su pistola 9 milímetros, tomo los prismáticos y rápidamente se internó en el bosque. A medida que avanzaba el recuerdo de Ivana se fue diluyendo y Lazlo, al fin, volvió a reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo: era muy extraño que dos venezolanos lo hubiesen contactado al mismo tiempo para encargarle dos asesinatos. Hacía tiempo que Lazlo se había retirado, pero su fama de asesino a sueldo le seguía trayendo algún trabajo de vez en cuando y el dinero no venía mal para pagarle los caprichitos a Ivana. Aunque era un romántico y rara vez decía que no a un encargo, las llamadas de esos dos venezolanos, hechas con un día de diferencia, no dejaban de poseer cierto misterio. Lazlo, con su sobrenatural y alcohólico olfato ruso, se olía algo feo y por eso decidió citarlos a los dos en el mismo lugar y a la misma hora: bosque de Transilvania, a las 6 de la tarde.

Desde la altura de una loma y oculto detrás del tronco de un pino, Lazlo observó con sus prismáticos a dos tipos que se ocultaban torpemente uno del otro. Ambos llevaban gorras de beisbol y una bufanda de cuadritos. Uno de ellos tenía barriga cervecera, la cara redonda y bien afeitada, y el otro era flaco y llevaba un bigotito. Los dos cargaban un maletín negro Sansonite, usaban zapatos Nike blancos y sus abrigos y pantalones de invierno, completamente mal combinados y pasados de moda, delataban que nunca habían pasado frío. Su actitud dramática y sobreactuada era la pieza que completaba el cuadro. Sin duda, eran venezolanos y Lazlo, que aborrecía las telenovelas venezolanas traducidas al ruso, al rumano, al checo, al húngaro y a todos los idiomas, no perdió el tiempo y gritó en el perfecto castellano que había aprendido en sus años dorados en la KGB:

- ¡Salgan con las manos en alto!

Los dos venezolanos salieron de sus escondites y se sorprendieron al reconocerse mutuamente.

- Traidor de mierda... ¿qué haces tú aquí?

- Lo mismo que tú, traidor de mierda...

Lazlo los mandó a callar y apuntándolos con su 9 milímetros, preguntó a uno de ellos:

- ¿A quién quieres que asesine?

- Señor Lazlo, yo quiero que asesine al Glorioso Líder Militar...

El otro venezolano gritó:

- ¡Estás loco! Si asesina al Glorioso Líder Militar lo convertirá en un mártir y seguro que después llegará otro militar, y todo se radicalizará y será todavía peor...

- ¡Mentira! Es la única manera de salvar al país...

- No, no es cierto... Señor Lazlo, yo quiero que asesine a todos los líderes de la oposición...

El otro venezolano gritó aun más fuerte:

- ¡Estás loco! ¿Y entonces quien va a gobernar el país?

- Si mata a todos los líderes de la oposición, surgirán nuevos protagonistas, nuevos líderes jóvenes e inteligentes que de verdad ayudarán al país a superar el régimen totalitario del Glorioso Líder Militar...

- ¡Traidor!

- No... ¡El traidor eres tú!

Lazlo, por segunda vez, los mandó a callar y luego preguntó:

- ¿Trajeron el dinero?

- Sí. – respondieron los dos al unísono, mientras mostraban sus maletines Sansonite.

Con su elocuencia de siempre, Lazlo le metió un tiro en la cabeza a cada uno. Ni siquiera puso el silenciador, total, en medio de un bosque en Transilvania nadie escucharía nada. Recogió los dos maletines y volvió al Skoda, arrancó y tomó en dirección a Bucarest. A mitad de camino, de pronto, sintió algo parecido a un remordimiento. Pensó que había perdido la oportunidad de preguntar algo a aquellos dos tipos: ¿por qué, si las telenovelas venezolanas son tan malas, le gustan a tanta gente? Se tranquilizó pensando que quizás era una pregunta de mal gusto y encendió un cigarrillo. Sí, ya lo investigaría en Internet. Soltó el humo lentamente y soñó con unas largas y felices vacaciones en Murmansk junto a su linda Ivana.

2 comentarios:

Hugo Pérez Hernáiz dijo...

Juan, mi hermano, por fin te volviste loco e bola. Que bueno.

Juan Ignacio dijo...

Sí... Me ha costado un tiempito, pero ya está