viernes, 6 de julio de 2007

El Grial

Magalí estaba limpiando su habitación y de pronto se encontró el Santo Grial tirado bajo su cama. Lo tomó en sus manos y como suele ocurrir con los símbolos, se percató de que cualquier intento de descripción sería inútil, o más bien, una triste sombra de explicación sobre una larga sombra de irracionalidad que, con suerte, sólo conduce a la arrogancia. Sin embargo, al poco se vio tentada por lo inevitable y sintió ganas de escribir una novela histórica con algún elemento historiográfico serio como armaduras, caballos y pollo asado, centrada en alguna secta secreta milenaria cuyos ritos todo el mundo conoce, con traiciones y sangre a litros, con sodomía a granel y algún cura casto, con pirámides en la selva amazónica y un rescate hecho por extraterrestres donde un niño, que se la pasa diciendo frases sabias que nadie entiende, salva la situación y el mundo comienza una nueva era.
Magalí corrió a verse en el espejo e imaginó su foto en la contraportada de la novela. Luego revisó varias novelas históricas y descubrió que en casi ninguna aparecía la foto del autor. Bueno, ¿y si no ponía su foto? Pensó durante un rato y llena de rabia concluyó: ¿de que sirve publicar una novela histórica si no pones tu foto en la contraportada? Siguió limpiando su habitación y al día siguiente subastó el Santo Grial en e-bay.

Quién lo compró y dónde está ahora, es un misterio que sólo servirá para escribir otra novela histórica.

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