jueves, 27 de septiembre de 2007

Muerte de un venezolano (1ra parte)

Me llamo Gerson Gutiérrez. Soy Detective Inspector y estoy investigando las extrañas muertes que han ocurrido en la sala de conciertos José Felix Ribas en el Teatro Teresa Carreño. Mi teoría, o bueno, más bien lo que ocurre es lo siguiente: 8 muertos en 5 presentaciones del trío para piano, violín y chelo en la menor, Op. 50 de Tchaikovsky. Los 8 muertos sólo tenían una cosa en común: todos habían tocido en medio del concierto. El culpable, obviamente, es el chelista. Su personalidad esquizoide lo llevó a odiar a la gente que toce en sus conciertos, así que para acabar con ellos inventó un sistema con el que dispara dardos envenados con curare utilizando el arco con el que toca el chelo. Digamos, pues, que usa una cervatana “clásica”, je, je, je… Y digamos que este chelista no contaba con que yo vendría a su concierto para descubrirlo todo, atraparlo y tal vez, tener la suerte de aparecer en las noticias.

Y fíjense, ahora estoy en pleno concierto, un poco drogado, es la verdad, porque no soy guevón y me tomé un jarabe para la tos completico antes de entrar. Y entonces, ajá, la señora gorda de la tercera fila empieza a tocer. Y observo como el chelista, sin dejar de tocar, se gira un poco y mueve el arco apuntando a la señora. Veo claramente como su dedo meñique hace un movimiento y acciona el mecanismo secreto. El dardo sale disparado y se clava en el cuello de la señora gorda que, de bolas, se lleva la mano al cuello por el dolor. Cinco minutos después la señora gorda está muerta -chao doña, la ley y la ciencia se lo agradecen-, y entonces algunas mujeres gritan y se suspende el concierto.

Entro en los camerinos y abro la puerta del chelista, que está sentado solo mientras se come un plato de mondongo.
- Estás detenido chelista. La cagaste en do-re-mi mayor, je, je, je…
- No me jodas detective. Anda, primero nos terminamos el mondongo y después me llevas pa la jaula.

Yo no había cenado y el caldo de mondongo recién calentado en el microondas soltaba el olor de mi hambre desde el toperware. Acepté y en tres minutos ya me estaba limpiando los dientes con un palillo.
- Vámonos pajarito, que tu mamá te llevará mondongo cuando estés en el Rodeo.
- Qué va mi pana. No me va a llevar nada porque acabo de darte mondongo mezclado con mierda de zamuro.
- ¿Cómo es la vaina?

Un rayo cruzó mi mente y recordé el curso de ornitología penal que hice hace 8 años: El zamuro (Coragyps atratus) es el ave carroñera nacional, orgullo de los venezolanos y presencia inevitable en casi todo nuestro hermoso territorio. Es una especie de buitre negro que come animales muertos, carne podrida, basura y otras mierdas parecidas, y que encima, para digerir y asimilar la mierda posee una temperatura interna altísima, sobre los 45 grados, que le permite no morir después de haberse echado al pico varios cocktailes de bacterias de primerísima calidad. El problema, claro, es que cuando caga suelta un montón de esas bacterias con su mierda, y si un ser humano se la come, pues se intoxica y le da fiebre. Y la fiebre sube y sube pero los anticuerpos no logran controlar la infección y matar a las bacterias y entonces el sujeto, al pasar los 44 grados, muere frito en su propia fiebre. Mierda.

Volví en mí y trate de reaccionar pero el chelista se adelantó y me golpeó con una cabilla en la cabeza.

La verdad es que mucha gente no se hubiese levantado, pero por algo siempre me han llamado "muerto parado", je, je, je… Desperté en una esquina cerca de la Avenida Nueva Granada, rodeado de un montón de basura. De inmediato me toqué el cuello y a pesar de las alucinaciones, pude comprobar que tenía 42 y medio de fiebre. Estaba completamente sudado y sin fuerzas. Me sentí como un coleto abandonado y clamé justicia murmurando estraños sonidos a la poca gente que pasaba. Y entonces, tuve la revelación. Una voz en mi cabeza, igualita a la de Simón Bolívar, me dijo:

- Gerson… ¡No seas guevón y dime cómo mueren los venezolanos!

Abrí los ojos y comprendí la pendejada que estaba viviendo y además, comprendí de golpe toda la historia de mi patria querida… ¿Cómo que me voy a morir envenenado? ¿Qué mariquera es esa? ¡Esto es Venezuela no joda, y aquí nos matamos a tiros!

Me levanté como pude y entré a un oscuro bar que había enfrente.

(Continuará...)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Juan, que cuento tan nostálgico. Deja de escribir estas vainas que los europeos no entiendesn y te van a deportar...

Josemansón!

Juan Ignacio dijo...

Bueno Manzoncio, es que salió así y creo que la nostalgia es mejor no combatirla porque se vuelve como un chicle de tristeza. En todo caso, si me deportan me iré a vivir a tu casa cabrón...

Abrazo

Juan

Anónimo dijo...

Me mudé a un apartamento de 100 m2. Así que debes mantener el horario europeo aqui para que no tengamos problemas...

Juan Ignacio dijo...

Pues me regalas 30 m2 (que incluyan el baño) y yo vivó feliz con una cocinita de gas. Tu puedes patinar y montar bici en tus 70 m2, que yo me instalo una cancha de ping-pong.