viernes, 28 de septiembre de 2007

Muerte de un venezolano (2da parte)


Y como les contaba ayer, pues me levanté de la acera como pude y entré a un oscuro bar que había enfrente.

Dentro del bar todo el mundo se calló y me miró con una mirada que ya no entendí, supongo, por la fiebre y porque lo único que hice fue gritar con todas mis fuerzas:

- ¡Quiero que me metan un tiro! ¡Mátenme, no joda! ¡Hijoeputas coñoesumadre métanme un plomazo! ¡Quiero que me quiebren yaaaa! ¡Métanme un tiro cooooño!

Y claro, se me olvidó que en Caracas es fácil que te metan un tiro por cualquier cosa, excepto si lo pides a gritos. Todos los presentes sospecharon que había una vaina rara, algo que no funciona si llega un tipo sudado y con cara de fumao pidiéndote que lo mates de esa manera. Coño, la verdad es que los venezolanos no estamos tan locos, fue mi reflexión a medida que me callaba, perdía un poco el equilibrio y empezaba a sonar una canción en el bar:

"Se que tu no quieres
que yo a ti te quiera
siempre tú me esquivas
de alguna manera
si te busco por aquí
me sales por allá
lo único que yo quiero
no me hagas sufrir más"

Era “Llorarás” de Oscar de León, y me dije que era una buena canción para amenizar mi muerte. Siempre me ha encantado la salsa y sin querer empecé a reir porque con la fiebre sentía como si estuviera bailando en el infierno.

Se me fueron las piernas y me caí al suelo. La fiebre ya estaría en 43 grados y aunque casi no había luz yo veía todo de colores. De pronto, nada se movía a mi alrededor hasta que vi un fantasma, no, era una mujer, frente a mí apareció el rostro de una mujer que se llevaba una mano a la boca. Abrí los ojos para ver mejor esa cara y entonces recordé que si soy venezolano inevitablemente mi vida esta cocida a una telenovela.

Aquella mujer era Mileidi Contreras, mi ex-vecina y ex-amante. Sucedió una noche cuando ella me bajó los pantalones, se rió de mis calzoncillos llenos de huecos y me echó una buena cogida porque le di lástima y claro, yo me enamoré como un guevón. A los dos días yo ya quería casarme, pero ella desapareció y más tarde supe que se había fugado con un novio y que después habían tenido una hija. Una hija que yo siempre supe que era mi hija. Sí, mi hijita querida que la cabrona de Mileidi, que era fan de Michael Jackson, no se le ocurrió otra cosa sino llamarla Billy Jean. Mierda.

¿Por qué me encontraba a Mileidi 14 años después de aquel polvo y en medio de mi muerte? La verdad es que siempre pude levantar el teléfono, hacer dos llamadas y encontrarlas a las dos. Soy detective, coño, así de simple. Pero la cosa es que preferí guardar ese sentimiento y entonces vivir, o mejor, sufrir el drama personal de haber sido abandonado por la mujer que amaba, y además sufrir el drama de tener a una hija perdida y ser un detective víctima de un bloqueo que lo paraliza cada vez que trata de encontrarla – como si ella fuera criptonita -. Ese drama, unido a la eyaculación precoz, le dio sentido a mi vida como detective venezolano: un tipo con un pasado oscuro, misterioso y aburrido, un hablador de mariqueras que no quiere que la gente se de cuenta de que es un mamaguevo y entonces, desde el otro lado de la fiebre y el mundo, volvió a aparecer el bar y la cara de Mileidi que con su inmensa boca me gritó en la cara:
- ¡Geeeeerson!
Y yo me levanté un poco, respiré hondo y le grité mis últimas palabras:
- Mileidi... ¡Billy Jean es mi hija!
Y caí muerto con la boca abierta, un final verdaderamente triste para un detective como yo. Y entonces en el bar hubo un ratico de silencio donde sólo se escuchó "Llorarás", y luego se oyeron unas sillas y una mesa que se caían al suelo.

Era Billy Jean, una morena de 14 años que parecía una morenota de 22 y que estaba cerrando un negocio con unos amiguitos en el bar. Llevaba la ropa tan pegada y estaba tan buena que casi me hizo resucitar, je, je, je... Se acercó lentamente a mi cadaver, me señaló y miró a Mileidi:
- Mamá... ¿Quién coño es éste?… ¿Y por qué coño dijo que él es mi papá?

Y automáticamente cuatro tipos se levantaron de sus sillas y dijeron que ellos también eran el verdadero padre de Billy Jean. Mileidi los mandó a callar y empezaron a insultarse entre todos y para hacerlo corto, pues como buenos venezolanos terminaron hablando de política y ahí la cosa se puso fea de verdad verdad.

A mi Billy Jean, tan sensible como su padre, le daba igual la política pero terminó de molestarse porque le habían bajado el volumen a Oscar de León en plenos coros de "Llorarás". Así que se acercó a la barra, se bebió un anís y se sacó dos pistolas del culo.

En medio de la balacera mi cadáver recibió cuatro impactos directos y un sillazo en una rodilla, e inexplicablemente, Billy Jean, antes de irse, me puso una ametralladora en las manos y movió mi cuerpo para dar la apariencia de que yo también había estado disparando. Y bueno, gracias a eso en el registró oficial quedó escrito y sellado que el Detective Inspector Gerson Gutiérrez murió luchando y cumpliendo con su deber como un macho venezolano cuatriboleado, no joda, como un verdadero hijo de esta patria. Hasta me condecoraron el ataúd y aparecí en un par de de periódicos y en un canal de tele comunitaria. Eso sí, a ningún muerto de ese bar, ni siquiera a mí, nos contaron en las estadísticas de las muertes de esa semana en Caracas.

Pero me importa un carajo, je, je, je… Dos días después el chelista asesino murió de un infarto mientras cagaba, y él tampoco salió en las estadísticas.

Gracias Billy Jean. Gracias mi amor.

(Fin)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Como echa todo ese cuento un tipo que esta muerto? Es una especie de truco literario?

Juan Ignacio dijo...

¿Y quién dijo que los muertos no hablan? Si están muertos, justamente es para hacer lo que les da la gana. La gente cree que los muertos deben decir siempre la verdad, pero yo creo que también son muy mentirosos...

Anónimo dijo...

Lo mejor que he leído este mes. Aunque llevo mes y medio que no leo un coño.

Hugo

CARAMELO dijo...

jajajajaja, demasiado bueno, esos nombres,jajajajaja, lo mas local de lo local, me sentí por un momento sentada en el bar viendo todo desde afuera, tú sabes!observación participativa, jijijijiji, has llenado de alegria mi aburrida mañana, chas gracias