miércoles, 10 de octubre de 2007

El nuevo terror: el meado de las chinas


Yo estaba sentado bebiendo y ya iba por la tercera birra cuando cometí el error de ponerme a escuchar la conversación de la mesa de al lado. Dos amigas hablaban, bueno, en realidad una sola hablaba y lo hacía con voz de experta conocedora de los problemas de nuestro planeta:

“...Y cuando los chinos entren al capitalismo de verdad, todo se va a ir a la mierda porque van a empezar a consumir como salvajes y la producción mundial no dará a basto. Imagínate: toda la vida comiendo arroz con arroz y de pronto probar los espaguetis a la bolognesa. Será el final de la sociedad occidental, el Apocalipsis gastronómico a la vuelta de la esquina...

¿Y sabes qué será lo peor? Que las chinas comenzarán a usar la pastilla anti-conceptiva. Lo que oyes. Ahora no la usan y quién sabe lo que hacen para no tener hijos, pero cuando empiecen a usar la pastilla, no sabes, porque estuve leyendo un estudio de una universidad norteamericana y desde ese día no duermo...

Resulta que las mujeres que tomamos la pastilla luego expulsamos un montón de hormonas en la orina. Y esa orina llena de hormonas se va por las tuberías y llega al mar o a las plantas de tratamiento de agua, y claro, como hay tanta agua pues las hormonas no hacen nada. Pero resulta que esta universidad norteamericana hizo un estudio donde aplicó esa orina con hormonas a una comunidad de salmones y no te lo vas a creer: dos años después dejaron de nacer salmones macho y la comunidad desapareció. Todo por culpa de las pastillas, el meado y las hormonas...

Y cuando las chinas comiencen a tomar la pastilla y empiecen a mear, vamos, calcula la cantidad de meado que pueden producir, no sé, trescientas mil millones de chinas. Coño, es como el río Nilo y el Amazonas juntos. Pues todo ese meado con hormonas terminará en el mar y afectará a todas las especies del planeta, incluyendo a los seres humanos que estaremos bebiéndolo sin saberlo. Y un día, no nacerán más machos de ninguna especie. No habrá más hombres y no podremos reproducirnos y será el fin de la humanidad por culpa del meado de la chinas. ¡Es horrible! ¡Mis nietas serán unas solteronas o, todavía peor, una lesbianas camioneras!...”


No pude escucharla más. Escupí la cerveza al suelo, me levanté de la mesa, cogí mi silla y se la partí en la cabeza a esa cabrona experta en problemas de nuestro planeta.

Ahora tengo diez minutos corriendo y la policía sigue mis pasos. Da igual, no me comprenderán y nadie en China se enterará jamás de mi acto reivindicativo, ¿o tal vez sí?

Lo único malo, debo admitirlo, es que me estoy meando.


4 comentarios:

bollito dijo...

Estoy meada de la risa! mundial!
ire

Anónimo dijo...

Coño Juan, tengo que admitirlo: tengo miedo. Un estudio independiente de otra univesidad nortemericana dice que como la comida china contiene mucho glucomato de sodio, que es un inlfamante de la vejiga, los chinos mean muchísimo más que los no chinos. Imaginate esa vaina. !Fin de mundo! Las chinas tomando la pastilla y comiendo costillitas chinas. Nos jodimos todos...

Hugo

Anónimo dijo...

Lo dicho: ensériate y a escribir, cabrón!

Alejandro

Anónimo dijo...

Chamo que buen cuanto, me lo acabo de leer y tengo 3 minutos cagado de la risa.
Jose Mansón