sábado, 17 de noviembre de 2007

Juan, el civil

Juan es flaco, tímido, esmirriado y siempre tiene cara de estar en la Luna. Digamos que en medio de la masa de niños que juegan en el recreo, pues Juan es de esos que pasan totalmente desapercibidos. Es decir, somos víctimas de la mecánica del destino y nos encontramos ante un niño nacido para ser extra en una película o, si tiene mucha suerte, quizás pueda llegar a ser personaje secundario convertido en protagonista accidental con derecho a una línea y media de diálogo.

Ahora estamos en la cola de la cantina de la escuela y claro está, Juan va a tener mucha suerte. Quedan 10 minutos de recreo y vemos un plano medio de Juan, que está de cuarto en la fila esperando pacientemente para pedir su sánduche de queso y su coca cola, cuando llega Marío Guillermo Sandoval, el malo más malo de la escuela que además es mucho más malo porque su padre es militar y le ha enseñado a abusar de los débiles y a comprender que nunca lo echarán de la escuela, porque si lo hacen, su papá manda a joder a la directora y a todos los profesores.

Así que, como es costumbre, Mario Guillermo pasa de largo sin hacer la cola, llega al mostrador y pide un cachito de jamón y una naranjita. Todos se apartan y nadie dice o hace nada, excepto Juan, que tiene tanta hambre y tanta rabia que va y le toca la espalda a Mario Guillermo como si fuera una puerta.

Mario Guillermo se gira y le dedica su mirada de malo más malo hijo de militar, y todo los niños que están cerca se asustan y en un instante ya se ha abierto un círculo alrededor de nuestros protagonistas. Mario Guillermo da un paso al frente y todos observan en primer plano como cierra el puño de su mano derecha.

Silencio dramático, muy dramático, de esos silencios que sólo se pueden dar en un recreo donde no puede haber silencio.

Todos los niños tragan saliva y piensan en voz en off: ¿será Juan capaz de enfrentar y vencer a Marío Guillermo, el niño malo más malo hijo de militar y entonces lograr que se acaben para siempre los abusos y la dictadura en la escuela? Y luego, por un momento también piensan: ¿y si lo ayudamos y todos juntos le damos una lección a este abusador de mierda? Pero se miran los unos a los otros y no hacen nada porque comprenden que se encuentran en una película independiente, o mejor dicho, en un documental barato grabado con una cámara prestada donde los mensajes morales a lo Walt Disney no valen un carajo, porque vamos, así es la realidad y mañana todos tendrán que volver a la escuela y ya no estará la cámara grabando y Mario Guillermo le romperá la cara a cada uno de los rebeldes.

Así que Juan levanta el rostro y como cualquier hijo de civil le grita a Mario Guillermo su línea y media de diálogo:

- ¿Qué te pasa mamaguevo? ¿Quieres que te ponga a correr detrás de mí?

Y entonces Juan corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió y corrió sin mirar hacia atrás y a lo largo de un travelling verdaderamente inmoral y antes de que terminara de correr ya pasaron los títulos de crédito de esta película y apareció un letrerito que dice FIN y no hay nada más que ver.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Juan, dinos, ¿y qué pasó después?

Jose Mansonius.

Omar dijo...

tío, yo normalmente llamaba a mi hermano mayor, pues siempre había uno cerca del recreo.. joder, ya sé que no es tan artístico, pero en esos momentos era lo más económico!!!

PD.. y claro, yo era, también delgado, flaco y esmirriado como el pobre Juan.

CARAMELO dijo...

jajajajaja, ¡qué bueno!Me rei mucho, mucho, mucho y recorde mis tiempos en el colegio de monjas cuando sonaba el timbre del recreo y todas saliamos corriendo hasta la cantina, a por un tequeño gigante de pura masa con chispas de queso y una pepsi, y siempre habia una viva que se coleaba y muchas pendejas que se dejaban.
P.D: Ese nombre Mario Guillermo de donde lo sacastes, de cristal, Topacio o Rubí Rebelde?Demasiado novelero, jajajaja

Juan Ignacio dijo...

Jose: pues seamos optimistas y digamos que al día siguiente no había mucha cola en el Hospital y atendieron a Juan después de 5 horas desangrándose...

Omar: Claro, tú tienes como 10 hermanos, y así es muy fácil tener alguien que te defienda en el recreo! Yo tuve que correr como un salvaje, y la verdad es que corría muy rápido. Lastimosamente, en las carreras de atletismo nadie me perseguía y entonces llegaba de último. Mmmm... No estaría mal organizar carreras "persecutorias". Te aseguro que los records serían otros...

Caramelo: ¡pues qué bueno que te ríes! Es lo mejor que me puedes decir... Y el nombre de Mario Guillermo (como la mayoría de los nombres que utilizo en mis historias) pertenece a un personaje real. En este caso, a un chico malo de mi escuela en Caracas, que luego derivó en chico cool insoportable de esos que dan mucho, mucho sueño.

Abrazos a todos!!