miércoles, 2 de abril de 2008

La berenjena catalana 3




Mi amigo Tomás me llevó a la Pobla de Lillet, un pueblito precioso que jamás olvidaré. Allí fuimos a comer algo a un automercado que tiene adentro una especie de taberna, y en donde me encontré con Desperta Ferro!, una bebida que me ha cambiado la vida. ¿Qué es Desperta Ferro!? Pues, según dice en la lata, es “La beguda energètica catalana”, acompañada por la frase “Catalunya tríomfant tornarà a ser ríca y plena!!!”, y por la explicación: “Desperta Ferro! És el crit almogàver que referma el comprimís dels catalans amb la nostra pàtria.” ¿Y quienes eran los almogávares que gritaban esa frase? Pues los indios catalanes del siglo XIII… Coño, no me aguanté y compré este Red Bull catalán ideológico porque la verdad es que superó todas mis expectativas. Es como si en Venezuela, cuando estás borracho o pasando la resaca tirado en la playa, te comas un “vueve a la vida”, un “rompe colchón” o un “7 potencias” y el vendedor ambulante te diga que se te va a meter el espíritu del Indio Guicaipuro y te vas a volver un patriota que ni Simón Bolívar…

¿Qué pasa por la cabeza de los creadores de este producto? Y cuidado, aquí aclaro que amo Catalunya y amo a los catalanes. Y los amo porque cada vez los comprendo menos y eso es algo que me hace sentir como en casa, perdido y tratando de entender algo que en Caracas (o en Barcelona) es la ilusión de que las cosas tal vez tienen cierta lógica. He conocido catalanes de todo tipo, y la verdad es que los que son buena gente son la gente más buena, educada y generosa que existe. Pero yo soy un observador pasajero, y cuando compré el Desperta Ferro! no pude aguantarme y pregunté a los vendedores por mi querida berenjena catalana, por si alguien la conocía o había cocinado con ella… Y otra vez me topé con un largo silencio, con un misterioso intercambio de miradas y una negativa casi nerviosa, tensa como la piel de una berenjena. Una escena que me indicó que quizás estoy tratando de penetrar en los sagrados arcanos de la humanidad, en algo para lo que debo prepararme, como entrar en un pozo mitológico sin fondo y con una linterna sin pilas que no sabes realmente a dónde te va a llevar.

Detrás de todas las cosas está la palabra, o quizás sea detrás de las palabras dónde están las cosas continuamente transformándose a la espera de convertirse en verbo, en principio divino, en acción. La berenjena catalana sigue sin querer existir fuera de estas palabras con las cuales la nombro, pero eso no quiere decir que algún día berenjenear catalanamente se convierta en un presente mágico, absurdo, donde ya nadie se preocupe de que un sustantivo se haya convertido en verbo y un adjetivo en adverbio. Sin embargo, intuyo que la cuestión semántica se mantedrá más allá de su uso cotidiano: ¿que coño es una berenjena catalana? ¿Dónde está? ¿Por qué no la encuentro?


Y anoche, al fin, me bebí el Desperta Ferro! y luego salí a comprar tomates y lechuga para hacerme una ensalada. Sin más, en la calle me encontré con un gentío: el Barça acababa de ganar 1 a 0 al Schalke en cuartos de la Liga de Campeones. Y unos tipos me abrazaron y sin saber por qué, me puse a saltar y a gritar con ellos “Visca el Barça!” Éramos como 30 personas saltando abrazados y admito que casi se me salieron las lágrimas… Y eso que a mí, toda la vida el fútbol y todos los deportes me han sabido a mierda. ¿Sería el Desperta Ferro! que corría por mis venas? ¿Me estaré volviendo un catalán de escaparate?...

2 comentarios:

José M. dijo...

Ñon, que habría dado irene por conocer el despertá ferro en vena ... chamo, voy a ser papá, otra vez.

Juan Ignacio dijo...

Lástima que a los niños no les dejan escoger a sus padres...

¡Felicidades Jose!