lunes, 14 de abril de 2008

La felicidad de que te ocurra algo que siempre fue malo

A Juan lo estafaron. Es la tercera vez que le pasa en Barcelona. Las dos veces anteriores fueron unos catalanes y ahora, no faltaba más, fue un venezolano quien lo estafó. Las tres veces Juan se embarcó en proyectos que parecían inviables, pero que a su vez poseían un gran atractivo y un contenido, digamos, que de salir adelante prometía un cambio en su vida y en la vida de muchas personas. Las tres veces Juan se puso a escribir como un loco, lo que quiere decir, simple y llanamente, que se entregó en cuerpo y alma a desarrollar “el proyecto” que debía ser el principio de otros magníficos proyectos…

Pensemos ahora que para construir un molino se necesita el trabajo de muchas personas. Sin embargo, lo primero que se necesita son los planos que prefiguren la estructura de dicho molino para garantizar su funcionamiento y su efectividad. Entre sus buenos y malos momentos, Juan suele escribir molinos aceptables, o al menos, molinos que se parecen en cierto modo a un molino de verdad. Escribe molinos que giran de lo lindo sobre el papel y que marcan el inicio del trabajo de otras personas que se ocuparán de levantarlo en medio de esto que llamamos realidad. Y entonces, ocurre que todo está listo para comenzar la construcción del molino y alguien de quien se sospechaba en un principio, un vivo, un comemierda de campeonato que siempre es muy educado y se come la mierda sonriendo mientras usa cuchillo y tenedor, se roba el dinero, no le paga a nadie y desaparece. Y zaz, obviamente el molino ya no se puede construir. Y todos los participantes se quedan mirando entre ellos con cara de pintura de payasito triste, como si estuviesen colgados en la pared de un hogar de clase media esperando que el espejismo de la tranquilidad desaparezca con la llegada de una factura.

Juan cree que la mayoría de las personas piensan que los molinos son preciosos. Él ha visto unos increíbles en Castilla La Mancha, en Andalucía, en Ibiza y en Holanda. Y por supuesto, sabe que cuando se habla de molinos inevitablemente se piensa en el Quijote enfrentándose a los gigantes. Y el Quijote es un libro maravilloso. Y leer el Quijote es una actividad maravillosa. Pero no tiene nada de maravilloso sentir que eres el Quijote y que eres incapaz de encontrar un molino en todo el Reino de España. Vamos, que no tiene nada de heroico o espectacular sentir que tus gigantes están hechos de la imposibilidad de levantar un molino y de ver sus aspas girar. No tiene nada de especial, porque encima Juan siempre se ha encontrado con ese comemierda que caga todo y que se convierte en culpable y generador de su frustración. Y como Juan puede echarle la culpa a alguien, pues se queda soñando con la idea de que ese molino podía funcionar o que tal vez, en un futuro no muy lejano, se pueda retomar su construcción. Esta idea, claramente, lo paraliza y hace que su cerebro se quede dando vueltas en la nada. Y así, Juan se la pasa viendo el cielo hasta que se inventa o se encuentra con otro “proyecto”, con otra piedra de Sísifo, y todo vuelve a empezar.

Pero ahora, al fin, Juan está cansado. Está harto de esta guevonada de repetirse con los molinos y de echarle la culpa a alguien, a la vez que se siente culpable de haber perdido meses de trabajo escribiendo algo que terminó en la basura. Es conciente de que es él, y sólo él, el responsable de haberse metido en esos proyectos y de ponerse a soñar con avionetas que ponen huevos e imaginar que los huevos de avioneta se venderán en los automercados. Así que hoy, por primera vez, Juan no se juzga a sí mismo. Juan no se siente un imbécil y tampoco se siente inteligente. No se siente ni bueno, ni malo ni mediocre. No se siente protagonista ni de las historias que cuenta a todo el mundo. Y hasta siente que no tiene que cambiar, porque ahora sólo quiere cumplir con sus necesidades para estar siempre en el presente. Juan siente que después de mucho tiempo ha aprendido algo que es obvio. Y lo obvio no se celebra, pero le hace feliz y le impulsa a decir frases tan ridículas como ésta: ahora Juan es el molino y también es Quijote, como siempre debió ser.


Por eso Juan no volverá a escribir molinos. De ahora en adelante, sólo escribirá palabras. Y Juan se siente libre, tan inmensamente libre, que llama a Marie y le cuenta todo y terminan riendo como unos locos. Y ahora se asoma por el balcón y mira la noche y se da cuenta de que tiene hambre, y sin dudar se va a comer un doner kebab con queso feta en Travessera de Gracia porque, digan lo que digan, para él son los mejores de Barcelona.

6 comentarios:

José M. dijo...

Y Juan y Marie rieron en chileno ... Ñon, tu leiste Animal Farm, de Orwell? Los cochinos, al final, no pudieron construir el molino y que molino habría sido!

Ladybug dijo...

Juan soy Erika! Les di a Mariela y a Juan Antonio recuerdos de tu parte, qué gracia les hizo!
Por cierto el domingo mismo me creé un blog, tienes que explicarme cómo funciona esto que soy un pato! jiji!
Un beso a ti y a Marie!

alejandro pérez meléndez dijo...

Juan, pana, ¿qué te pasó? ¿qué te hicieron? El coño e' su madre...
Un abrazo fuerte de tu amigo, a pesar del tiempo y de nuestros molinos en común.

CARAMELO dijo...

Verciale Juan!!!!¡Qué capacidad de autoayuda tienes!Mientras leí tu post pase por un monton de estados de animo, primero estaba arrecha, luego triste, me di cuenta que soy una mas en este mundo y que no entiendo como coño les puede gustar tanto los Doner kebbab, come Arepa y toston con queso feta, uff, lo máximo!!!Un beso cariño...

omar sanz dijo...

juanito..
cómo disfruto leyéndote, porque a pesar de que eso no llena el vacío de no poder verte y hablar contigo caasi a diario (como hicimos un tiempo, ese tiempo magnífico..), pues rellena algo que se me quedó por allí, en esa tierra de molineros y gigantes que es Barcelona.
te quiero, hermano.

Juan Ignacio dijo...

José:
Sí, lei Animal Farm, y la verdad es que gracias porque no recordaba esa parte. Y maldito cabrón, supongo que Marie y yo sí que reímos en chileno...

Ladybug:
Lo del blog es sencillo: hay que escribir y reirse después, porque si te ríes antes, se te pueden olvidar las cosas...

Ale:
Pues lo que me ocurrió se me parece a lo que ya nos ocurrió, con la diferencia de que esta vez todo fue a través de videoconferencias y da un poco más de rabia el vacío virtual. ¡Gracias loco! Y por cierto, está bueno el planeta Walter Benjamin...

Caramelo:
Gracias, es una buena idea, tan buena, que no se me había ocurrido. Te haré caso con lo de las arepas con queso feta...

Omar:
Aquí en Barcelona sigues dando vueltas, conmigo, con Marie y con todos los que te conocemos. No necesito extrañarte porque igual te encuentro en el bar Lennon. ¡Un abrazo inmenso hermano!