miércoles, 23 de abril de 2008

Sant Jordi y José Gregorio

Hoy es el día Sant Jordi, que es lo mismo que decir el día del libro en Catalunya. Por todos lados hay mesas donde se venden rosas y libros y la verdad que hoy es raro no ver a una mujer con una rosa en la mano (la gente es pudorosa con los libros, y por lo general nadie los exhibe). Y claro, un día como hoy se murió Cervantes, se murió Shakespeare (aunque también se dice que murió el 3 de mayo por cuestiones del calendario gregoriano), se murió Alejo Carpentier y también Josep Pla, y entre tanta muerte de escritor, por suerte para muchos, nació nuestra amiga Silvia (¡Feliz cumpleaños Silvia!).

Pero la cosa es que desde que llegué a Barcelona no he dejado de pensar en Sant Jordi o San Jorge, sobre todo, porque cuando vivía en Caracas jamás pensé en él. Bueno, confieso que de niño me encantaba la parafernalia de los caballeros medievales (vi en betamax el Excalibur de John Boorman como unas 20 veces), pero apenas escuché que se decía San Jorge cuando nombraban a alguien caballero. Y ahora no voy a ponerme a analizar la vida, obra, martirio y leyenda de Jorge de Capadocia (para eso tengo a Jorge el Gallego que es medievalista, renacentista y devorador de pulpos), más bien, me interesa comentar una tontería: no deja de llamarme la atención que el patrono de media Europa sea un tipo que mató a un dragón para salvar a una princesa.

Vamos, que la metáfora que se quiere transmitir está clarísima, pero no deja de ser raro que en una Europa tan racional, que se aburre de tanto saber que los dragones no existen, se siga con San Jorge como si nada. Más de una vez he conversado con Daniel (otro medievalista y excelente borracho) sobre la imposibilidad de leer a la Edad Media en clave de realismo mágico, puesto que habría que dejar de lado siglos de historia, filosofía y filología para aceptar que la exageración florece en nosotros y en nuestro mundo de una manera anárquica y sobrenatural, supeditándose sólo a la necesidad de estirar las fronteras de la imaginación y así reírse del tiempo y su circularidad. En otras palabras, que siempre he sentido que el realismo mágico sucede en el presente como una explosión de la tradición que, al mismo tiempo, pone en entredicho los límites de dicha tradición, incluyendo su estructura y rituales acostumbrados.

Y no es que ahora llegó un latinoamericanito a explicar con sus teorías locales el pasado de Europa. Que va, creo que estoy pasando por un momento donde estoy perdiendo todo el apego a las tradiciones (¿será producto del desarraigo?) y su fastidiosa institucionalización, y estoy extrañando esas reediciones fugaces, volátiles y olvidadizas, donde la tradición aparece y desaparece tan rápido en medio de este mundo real, que no quedó otra sino llamarla, repito, realismo mágico (coño, hasta creo recordar que fue Enrique Anderson Imbert el que se inventó el nombre, pero con mi biblioteca en Caracas, mejor no creerme). El caso es que a veces, casi sin querer, agradezco haberme criado sin Edad Media y por el contrario, haber tenido un Popol Vuh y una historia del Siglo XIX completamente exagerada, fantasiosa y a la vez real (¡cómo me gustaría haber sido historiador en la Venezuela del Siglo XIX, y haber escrito una “historia” llena de diálogos y pensamientos en voz en Off!). Por supuesto, esto no me hace especial, más bien, creo que ha limitado mi raciocinio y aumentado mi estupidez, gracias a que me ha otorgado la capacidad de tener fe en lo inesperado de la realidad y de preocuparme por cosas sin sentido.

Por eso, mientras en Barcelona se celebra a Sant Jordi, al final yo sólo pienso en José Gregorio Hernández. Este hombre es lo más cercano a un santo que tenemos en Venezuela. Y por lo tanto, a su manera, cumple con los requisitos de nuestra mágica realidad: no va vestido con armadura, va vestido con traje, corbata y sombrero y por eso prefiguró los modelos de René Magritte. No era caballero andante, pues era médico y científico. No luchó contra ningún dragón, pues lo que hacía era atender gratis a los pobres y regalarles medicinas. No murió martirizado, sino que tuvo una exagerada muerte venezolana que contaré en palabras de mi Abuelita: “José Gregorio se bajó de un tranvía en la Esquina de Amadores, por allá en La Pastora, y entonces un carro (automóvil) lo atropelló, lo mando contra una acera y se dio un guamazo tan fuerte que se rompió la cabeza y se murió… Imagínate Juan, era 1919, en esa época en Caracas sólo había cuatro o cinco carros, y que te atropellara un carro era un verdadero milagro…” Así que después de esa muerte "milagrosa", José Gregorio le ha salvado la vida a un gentío, a curado enfermedades incurables y, según dicen, ha ayudado a muchos médicos en medio de operaciones complicadas.

¿Y por qué la Iglesia católica no termina de reconocerlo como santo si hace tantos milagros? Fue la pregunta que le hice a un curita en Caracas hace unos años. Y su respuesta: “Pues no está claro, pero unos dicen que parece que maltrataba a su ayudante, el Bachiller Rangel, que era negrito e hizo muchos descubrimientos con las bacterias que luego José Gregorio le robó, y dicen que por eso el Bachiller terminó suicidándose. Y lo otro que dicen es que no lo van a canonizar porque la gente que practica espiritismo y santería le reza a José Gregorio, y a la Iglesia no le conviene reconocer a alguien que ya forma parte de otro culto. Es víctima del sincretismo religioso, pero como hace milagros, pues por eso llegó a Venerable en 1986. Lo de beatificarlo va estar difícil…”

Y sea cuál sea la verdad, lo cierto es que como los venezolanos somos venezolanos, pues a muchos nos sabe a mierda lo que diga la Iglesia católica y José Gregorio Hernández es nuestro santo y ya está. Creemos en él, en presente, y a muchos nos da igual lo que diga el Vaticano, sus diligencias con olor a naftalina y los libros de teología… ¿Porque existe algo más mágico que rezar, bajo los criterios católicos, a un santo que no es santo y que ya está libre de las ataduras de serlo?


P.D.: Sí, ya sé que Chávez creó la "Misión Dr. José Gregorio Hernández", que tiene como fin hacer un censo nacional para conocer el número exacto de personas con discapacidad y con enfermedades genéticas. Si se lleva a cabo hasta el final, lo sabemos todos, será otro milagro…

5 comentarios:

Jorge dijo...

Gracias por la sutil felicitación, Juanito. Imagino que como eres venezolano, poeta, guionista y un poco cuentista, no podías poner una felicitación, en plan postalita de navidad, no. Por cierto, ¿conoces a otro medievalista y no lo conozco yo? Vaya por Dios.

En fin, que un abrazo, loco. Que sepas que te leo siempre que puedo y que me encanta que sigas poniendo cosas por aquí.

Juan Ignacio dijo...

Bueno George, es que ultimamente las felicitaciones me salen así. Y claro que conoces a Daniel, el coordinador de mi doctorado, que es medievalista pero dedicado al arte, y que lleva 4 años escribiendo un libro sobre unas escrituras escatológicas en latín que encontró en los arcos de una iglesia en la Catalunya profunda. Apenas lo publique, te paso la referencia, que mira que sé que el temita escatológico te hace vibrar de lo lindo.
Y gracias por lo de poeta, coñoetumadre. Y que sepas que yo también te leo y estoy orgulloso de tu nueva y flamante web.

Abrazote y cuidate!!

Juan Ignacio dijo...

Y lo otro George:

¿Te das cuenta que ahora me da por terminar los párrafos con una pregunta retórica? Eso me pasa por tratar de leer en inglés... Cuidado cómo termines escribiendo cuando te vayas a los USA, que mira que tu estilo renacentista-pop es de lo mejor que hay en Internet.

Abrazote, otra vez

El Menta dijo...

Épale! Creo que vas a disfrutar muchísimo, si no lo has leído ya, "El mundo alucinante" de Reinaldo Arenas.

Te mando una reseña que encontré. No dice mucho del estilo del libro que, de verdad, parece escrito en una nota de LSD. Mi pasaje preferido es cuando el protagonista entra a una cueva y pelea con un monstruo. Completamente latinoamericano, superando las aventuras del tal Jordi.

"El cándido, pícaro, aventurero y exaltado fray Servando Teresa de Mier, célebre personaje histórico convertido para la ficción en protagonista de esta novela, fue un fraile mexicano de la orden de los predicadores que vivió a caballo de los siglos XVIII y XIX, por sus poco ortodoxas ideas sufrió persecuciones, destierros, y dio numerosas veces con sus huesos en la cárcel".

Salut

Juan Ignacio dijo...

Gracias Menta!

No he leído ese libro pero lo voy a buscar... Y ese el otro detalle: en cierto modo, las historias fantásticas en Europa se vieron sustituidas por la vida de los santos. La Iglesia católica, como bien sabemos, sustituyó todas las fiestas, lugares e historias paganas por fiestas, lugares e historias católicas (sólo hay que pensar en la navidad). Lo divertido es que eso no se llama sincretismo, sino tradición.

Gracias de nuevo!!

Juan