viernes, 16 de mayo de 2008

La berenjena catalana 5

Me fui a la playa de Sant Pol de Mar con Marie, Vito y Corinne. El día era precioso, pero el sol todavía no calentaba lo suficiente y el agua del mar estaba tan fría que podía quitarte las ganas de tener sexo durante un mes. Hasta la gente de la playa nudista estaba vestida, así que nos dedicamos a comer bocatas, dormir la siesta y pasear por el pueblo, arrastrando los pies con el mayor desgano del mundo.

Como es de esperar, entré en las pocas tiendas que estaban abiertas y pregunté por la berenjena catalana. La respuesta fue la de siempre: silencio, cara de qué coño me estás preguntando y no tengo ni idea chaval. Marie me dijo que buscar a la berenjena catalana en un pueblo de la costa quizás no era una buena idea. Pensé que tenía razón, porque los habitantes de Sant Pol no tienen pinta de comer muchas berenjenas y sin duda, lo mejor será darse una vuelta por la Catalunya profunda, allí donde supuestamente nadie vota por el PP y la butifarra le gana a las gambas y a los chipirones.

Entonces seguimos caminando y llegamos a un parque cuya imagen, directamente, me transportó al final de una película norteamericana (ver foto), con la diferencia de que no estaba la típica bandera norteamericana, sino la catalana... ¿Cuántas veces he visto esta imagen? - me pregunté. Decenas o cientos de veces en cuanta película gringa barata que he visto en el cine o en la televisión. Me percaté que la sobreexposición a este momento "patriótico" me había vuelto inmune: no sentía nada, y además no hubiese sentido nada aunque estuviese colgada allí la bandera de Venezuela. Hice memoria y traté de recordar si alguna vez me había emocionado con la bandera de mi país... Y me vi hace 13 años en la UCV, tirado sobre la grama de Tierra de Nadie, junto a mi amigo Ricardo, los dos observando la inmensa bandera de Venezuela que se solía colgar en la Universidad (no sé si todavía existe), moviéndose, bailando violentamente al compas del viento, y recuerdo las palabras de Ricardo: - Coño Juan, mírala, mírala qué bonita... ¡Se mueve como una puta!...

Y de golpe, Vito me tocó el hombro y me sacó de mis reflexiones con una pregunta:
- ¿Qué sabes del ordenador portatil del lider de la guerrilla colombiana, ése que mataron?

- ¿Qué?...

- ¿Que si Chávez le está dando de verdad dinero a la guerrilla?

- Pues no sé... Lo que sé es que cuando hay tanto billete de por medio todo el mundo miente, da igual de qué país seas y el bando al que pertenezcas. Lo veo como otro bombazo mediático, como otra noticia que le va bien tanto a Uribe como a Chávez, en el escenario de la lucha entre el Imperio y el Anti-Imperio. Sea verdad o sea mentira, ¿cambia en algo la demencia que se está viviendo en Colombia o en Venezuela? Porque a la gente la seguirán matando de verdad, no de mentira... No sé, dentro de un rato Chávez y Uribe volverán a ser amigos y luego volverán a pelearse y así... Funciona, ¿no? Es la política barata de "busca a tu enemigo y distrae a tu gente". Igual que Berlusconi en Italia: hoy el enemigo son los gitanos rumanos, y mañana tal vez serán los suizos o los tailandeses... Es la desesperación pintada con un barniz ideológico que justifica cualquier mierda de cualquier bando y donde, como siempre, lo único que importa es la cantidad de medios de comunicación que apoyen una "noticia" para alimentar a la fanaticada y así seguir en el poder.

Vito y yo nos quedamos viendo con las caras muy serias. No me aguanté y le dije:

- Vito, ¿sabes que me siento como un imbécil y me odio cuando me escucho hablando así?

- Claro que lo sé Juan. A mí me pasa lo mismo. Soy italiano.

- Pues cuéntame algo guevón, y sácame un rato de esta porqueria mental...

Vito señaló el pueblo y dijo:

- Un día me contaron que a comienzos del siglo XX, aquí en Sant Pol de Mar decidieron construir un reloj de sol. Contrataron a un super artista de la época, que diseñó un reloj de puta madre que tomó meses y meses en estar terminado. Antes de la inauguración, el alcalde y las autoridades del pueblo fueron a ver el reloj de sol y quedaron tan impresionados, era tan guapo y tan delicado, que pensaron que había que protegerlo de la lluvia y no se les ocurrió otra cosa sino ponerle un techo... Por eso, la mejor manera de insultar a los habitantes de Sant Pol consiste en pedirles la hora...

Vito y yo nos abrazamos riendo, y automáticamente dije:

- ¡Visca Sant Pol de Mar!

- ¡Visca!


5 comentarios:

fritus dijo...

Cierto..cierto...En Sant Pol, quina hora és?..es una pregunta que no debe hacerse si amas tu integridad física. Son muy susceptibles con el tema.... Yo personalmente creo que es una leyenda urbana...rural?

Disculpa por entrar en tu blog así sin llamar...decirte que me ha encantado.

Lo del ordenador de la guerrilla me huele a rollo de la CIA, ...y del señor Uribe. LLevan cien años usando trucos parecidos, desde los tiempos que hundieron ellos mismos el acorazado Maine (1898) para tener una excusa para quitarnos Cuba...que no digo yo que los españoles fueramos buenos, pero ellos menos.

Disculpa el rollazo. Un abrazo, man

Juan Ignacio dijo...

¡Por favor! Que deberíamos reunirnos un gentío para crea una enciclopedia de abusos de las policias secretas de todo el mundo, y no sabes como empezaríamos riendo y terminaríamos llorando...

¡Gracias y un abrazo!

Pablo dijo...

Muy bueno, loco.

Creo que la embocaste y tengo .

Un abrazo, y hasta el próximo torneo de ping-pong.

Visca!

pablo dijo...

Ooops!

vito dijo...

visca!!!!!