jueves, 7 de agosto de 2008

En todas partes...

Esta mañana iba en el metro concentrado en el rostro dormido de una señora. Era como estar frente a un circuito cerrado: se despertaba con un pequeño sobresalto, luego sonreía, después decía algo inaudible y volvía a dormirse. Una y otra vez, y lo extraño es que nunca abría los ojos. Quizás pensaba que estaba aún en su cama o en un jacuzzi o bueno, quién sabe…

En la estación Poble Sec se sentó junto a ella una chica de unos veintitantos, delgada y con cintura de guitarrón mexicano, manos y pies muy grandes y ojos pequeños tras la típicas gafas de pasta catalana. La chica sacó El Principito y se puso a leerlo con aire ausente. A mi lado iban sentadas dos amigas, y digo amigas por la sencilla razón de que iban vestidas exactamente igual, con la misma cartera, los mismos zapatos ochentosos y con un peinado de esos que causan arrepentimiento ajeno. Escuché que decían:
- Mírala a ésta, leyendo El Principito.
- Ay, pobre, va de sensible…
- Sensible no. Exhibicionista.

Las dos amigas rieron y por un momento me quedé descolocado por su comentario. Luego, sin querer, pensé que a lo largo de mi vida he escuchado la frase “El Principito es mi libro favorito” tantas veces como “los ojos son el espejo del alma” o "mi jefe es un hijo de puta". ¿Y qué? – me dije. Es un buen libro que tiene la virtud de gustarle a todo el mundo y que no te define ni te encierra dentro nada. Es decir, puedes ser niño malcriado, adulto alienado o anciano quejón, puedes ser anarco-sindicalista, artista urbano o pequeño burgués y adorar El Principito. Puedes amar a Bush, a Fidel Castro, a Sarkozy, al Dalai Lama o a Britney Spears y tener El Principito sobre tu mesa de noche. Y sin embargo, me sorprende que un libro tan lindo, tan buenista y tan políticamente correcto haga que acusen a alguien de exhibicionista. ¿No debería pasar desapercibido justamente por lo normal que es? Aunque… Un momento: ¿me atrevería yo a ponerme a leer El Principito en el metro sin sentirme ridículo y observado? Y entonces, ¿ahora resulta que soy más estúpido que las dos estúpidas que ríen a mi lado?

Y vuelvo a mirar a la chica que lee y pienso que es posible que esté leyendo El Principito por primera vez. Me doy cuenta de que no recuerdo cuándo leí ese libro por primera vez, más bien, lo que recuerdo es que me lo regaló mi hermana y que yo tendría unos 10 años, o quizás 11… Un momento: recuerdo que yo le regalé El Principito a una novia que tuve a los 17 años… Y recuerdo a familiares, amigos y amigas regalándose El Principito unos a otros a lo largo de los años… De acuerdo, es un libro fácil de leer - aunque difícil de entender a profundidad-, corto y barato, pero coño, la verdad es que lo recuerdo en todas partes. Sí, recuerdo haberlo visto en casi todas las bibliotecas de la gente que conozco y vamos, hasta recuerdo haberlo visto tatuado en el culo de una chica en una playa en Sicilia… Mierda.

Alzo los ojos y ahora vuelvo a mirar a la señora dormida que está completando otra vez su circuito: se despierta con un pequeño sobresalto y ahora le toca sonreír. A su lado está la chica que lee y que en un gesto mágico, sonríe a la misma vez que la señora. Durante un largo instante las veo a las dos sonreír, una junto a la otra y sin enterarse. Y la escena es tan hermosa y posee una sincronía tan delicada que sólo puedo abrir la boca como un tonto.

Que a cada quien le toque su Principito. Al final, siento que en mi caso Saint-Exupery lo escribió sólo para que viera esto.

3 comentarios:

fisi dijo...

que bonito!

fernando dijo...

A ver juanchi, que creo que no estas valorando al principito como se merece. Pero es un error bastante normal.
Hay quien se lo lee por equivocacion, pensando que trata acerca del Big Bang, en el "principito" de los tiempos, pero lo mas normal es que uno se lo lea cuando niño porque es corto (el libro) y tiene dibujitos, pero se es demasiado chamo y por chamo inexperiente y te gusta, pero no marca. y cuando uno se va haciendo adulto se hace cinico, y el principito es justamente todo lo contrario, pero si lo agarras un buen dia, te deja huella. y entonces, cuando te enamoras, recuerdas lo que decia la zorra (no de quien te enamoraste sino la del principito)cuando le dice que no quiere que el le amaestre (existe esta palabra?) pues entonces ya no podra ver un campo de trigo porque el ondear del trigo amarillo bajo el sol le recordara su cabello y estara esperando todos los dias a que el pase y cuando no lo haga se desesperara,etc. Un dia te acuerdas del que bebe para olvidar los problemas que le causa beber. and so on...
Y un magnifico dia, de esos poquisimos que tenemos (SI llegamos a tenerlos) en que somos pura lucidez y lucidez pura y comunicamos con el universo y el universo nos atravieza aunque no haya nadie para atravezar ya que el universo mismo somos nosotros (COÑO! como extraño esos dias, JO!!)piensas en el principito y te das cuenta de que nadie te ha hablado con tanta claridad como el bueno de Antonio. Y te das cuenta de que esa lucidez la perdiste porque empezaste a ver sombreros donde solo habian elefantes tragados por boas. Y recuerdas que el bueno de Antonio estuvo perdido en el desierto y te das cuenta de que seguramente habra tenido una experiencia "de esas" asi como le ocurrio a Eric Emmanuel Schmitt, el que escribio "El Señor Ibrahim y las flores del Coran" (busca la entrevista que le hicieron en el verano del 2007 en La Contra de La Vanguardia)y que ese librito que pensabamos que era solo eso "un librito" esta lleno, repleto, cargado de sabiduria, de la de verdad, no de esa que confundimos con informacion, con datos o con conocimientos. La util, la que nos ayuda o enseña a vivir. Como el Dersu Uzala de Kurosawa, mas o menos.
Bueno cariño, ya ves, sigo peleado con las tildes y los peines.
Un abrazo.

Algo me dice que esta conversacion ya la habiamos tenido, pero ya sabes, seguro que estaba borracho (para olvidar que bebia)

fernando dijo...

oye, que busco lo de Saint Exupery perdido en el desierto y solo lo encuentro en el inicio de El Principito. Cosas de la memoria que confunde.