sábado, 13 de septiembre de 2008

1, 2, 3 y 4


Hombres Infables buscan el Mediterráneo, por Jonas Marinel

1

Volví de las vacaciones y apenas he tenido tiempo de entender que ya estoy en la oficina y nadie, absolutamente nadie ha tenido tiempo de contarme lo que hizo en sus vacaciones. Llegamos y el trabajo, igual que una lamprea marina de esas que llenan los lagos de Canadá, empezó a chuparnos todo lo que tenemos. Es triste: las vacaciones ya ni siquiera son como un buen polvo de esos que no te aguantabas y tenías que contárselo a tus compañeros. No, las vacaciones ahora son vistas como un polvo discreto, rutinario y casi melancólico en medio de esta sensación asfixiante de que sólo trabajamos para sobrevivir o para comprar tiempo libre.

Dos días más tarde, la única que me contó algo fue una compañera:

- ¿Las vacaciones? ¡Una mierda!… Terminé con mi novio después de pelear todos los días.

Y se puso a llorar secándose los mocos con la falda. Por supuesto, al levantarse la falda pude ver unas espantosas bragas (pantaletas) de color verde, hechas con material sintético –con suerte, quizás lycra- tan comunes en el Reino de España. No me atreví a decirle que pienso que el uso del algodón en la ropa interior podría salvar a muchas parejas en este Reino, y bueno, tampoco me atreví a hablarle de las estadísticas que señalan que un tercio de las parejas rompen en vacaciones porque nadie soporta la convivencia y que además, en el fondo, casi todo el mundo aquí es un malcriado víctima del estado del bienestar… Pero ella decidió, al verme la cara de no atreverme a hablar, que lo mejor era no referirse a su vida personal y entrar, sin rodeos, en la comunicación fática:

- ¿Sabes? Estuve pensando en irme de cooperante social a algún país de Latinoamérica. Pero mejor… ¡Creo que voy a operarme las tetas!

La escucho, miro la ventana y compruebo, una vez más, que está sellada y que será imposible abrirla. Cierto: los constructores de edificios de oficinas saben como frustrar suicidios y será mejor vaya a buscar un café.



2
En el peor momento de trabajo, desesperado y a punto de mandarlo todo a la mierda, una amiga me envía el link de Italian Spiderman. Me salva la vida (¡gracias Julie!), y una vez más comprendo que no hay nada mejor que encontrar la estupidez adecuada en el momento más estúpido.


3
Salgo de una reunión de trabajo pensando en lo bien que lo pasaban los romanos que flagelaron a Jesús. No porque fuera Jesús, sino porque era su trabajo y el sadismo siempre ha estado de moda entre los seres humanos. Mientras vuelvo a mi escritorio pienso que bajaré al supermercado a comprarme un kilo de sal para ponerme en las heridas. Total, el masoquismo siempre ha estado de moda entre los seres humanos.


4
Llego a casa y pienso que las vacaciones existieron. Buscó entre las fotos y encuentro una foto que me arruga el corazón: a principios de agosto tuve la suerte de ir a la playa de Sant Pol de Mar con Marie y encontrarnos, por pura casualidad, con el último trabajo artístico de Jonas Marinel hasta el momento: Hombres Inflables buscan el Mediterráneo. En espera de su próxima exposición en México, los dejó con está imagen que capta el fugaz coqueteo de Marinel con el hiperrealismo.




4 comentarios:

vito dijo...

juan! te adjunto el sitio del Petit de Cal Eril, espero que te provoque una sonrisa tierna (mel) y una carcajada (ah si aussi)
http://www.myspace.com/elpetitdecaleril

un beso!!!
vito

Ricardo dijo...

y tú que hiciste en vacaciones, además de retratar muñecos inflables?

ALEJANDRO PEREZ MELENDEZ dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Ignacio dijo...

Gracias Vito!! Iré a escucharlo!!

Y Rick, dame unos días y ya contaré algo de las vacaciones, porque ahora apenas tengo tiempo de ir al baño.

Y Alejandro... ¡Gracias!