No tienes nada y es como tenerlo todo, o tal vez, es que tienes algo y de pronto no tienes nada, o más bien, resulta que simplemente tienes nostalgia.
Es tan simple como moverte o caminar. Cada paso tiene nostalgia, cada trago de café, las nubes, los espaguetis a la boloñesa, las calles que se encuentran, el sonido de los aviones, las clases de swing, los días bonitos, Marie asomada al balcón mojando su mano en la lluvia, los libros desordenados, las voces de todos tus amigos, la impresora escupiendo un papel, un juego de ajedrez, un niño con un zapato en la mano y las mujeres que, a pesar de la llegada de frío, siguen montando bicicleta en falda mientras entonan un canto a la libertad y obviamente, a la nostalgia. El mundo entero se mueve en la nostalgia, una nostalgia que se toca sin dejar de ser invisible, una nostalgia como los ojos de un conductor de ambulancia perdido en una ciudad que no conoce.
Estoy nostálgico y mientras escribo esto no recuerdo nada ni extraño nada y tampoco nada me falta. Pero coño, estoy nostálgico.
Ayer cumplí siete años desde que llegué a Barcelona. Ayer fui al cumpleaños de mi amigo Jan y la pasé increíble. Y ayer hablé con mi padre y le dije que no podré ir en diciembre a visitarlo porque no tengo dinero para pagarme un billete tan caro, pero que tranquilo papá, que iré cuanto antes porque quiero estar contigo y hablar de un montón de cosas. Y mi padre me respondió: - Juan, a mí me quedan dos años de vida. Así que vénganse en Semana Santa o cuando quieran. Y yo, con el teléfono en la mano sonreí, porque en mi familia es tan locos que hasta saben cuando se van a morir.
Es verdad: el tío Luís siempre dijo que no llegaría a los 60 años, y se murió a los 59 después de tantos y tantos infartos que al final era una tradición familiar no ir a la clínica, porque Luís siempre se iba al día siguiente, echando chistes y cagado de risa. Y también mi perro Milú tenía que morirse un sábado y esperó hasta el domingo a que yo llegara para morir en mis brazos y estirar, realmente, una sola pata. Y si les parece raro que ponga en un mismo saco a mi padre, al tío Luís y a mi perro Milú, que sepan que mi perro, al menos para mí, siempre fue uno más de nuestra familia. Y sé que el tío Luís me entiende porque era humorista y también sé que mi padre me entiende porque es ornitólogo.
Pero el punto, a fin de cuentas, es que ahora sé que volveré a ver a mi padre.
Coño, sólo existe el presente.
lunes 22 de septiembre de 2008
sábado 20 de septiembre de 2008
Ardillita, ardillita mía en el idioma de ese otro país
- Juan, me gustaría que apagaras la grabadora.- Claro – dije a la vez que introducía mi mano en el denso humo que cubría la mesa. Le di al stop de la grabadora y tanteé hasta que pude tomar un cigarrillo casi completo que se había apagado mientras descansaba en el cenicero. Al verlo sentí que estaba frente a algo realmente inexplicable, algo que sin duda marcaba el inicio de una espantosa confesión. Lo encendí y dije:
- ¿Sabes que dicen por ahí que le ponen una sustancia al papel de los cigarrillos para que no se apaguen? Así se consumen más rápido y dicen que es una de las razones por las que supuestamente uno fuma más. ¿Te das cuenta de que es muy extraño que este cigarrillo se haya apagado?
- Vamos Juan…
- Bien. Eso es lo que quería oír. Cuéntame…
- Pues dicen que todo empezó en un bar cerca de ese parque de atracciones...
- ¿Cuál? ¿El parque de atracciones donde...?
- Sí… El mismo. Dicen que llegué justo antes del verano y que no me quedaba dinero. Y la cosa es que dicen que si no encontraba un trabajo tendría que dormir en la calle, y entonces, me da vergüenza, pero yo era tan joven y tan ingenua que todavía podía enamorarme de un hombre guapo, seguro de sí mismo, con la espalda derecha y que mira a los ojos, sensible pero con sonrisa pícara, algo desaliñado y con un irresistible olor a macho, tímido como un joven actor pero capaz de escucharme y, sobre todo, capaz de darme respuestas sensatas utilizando frases cortas con punto y seguido...
- No exageres.
- Óyeme bien: dicen que es verdad y también dicen que aquel hombre me ofreció un trabajo en el parque de atracciones.
- Y claro, tú…
- Yo estaba enamorada y no tenía cigarrillos, y dicen que tonteamos un buen rato hasta que él terminó de beber su agua mineral, sonrió y me dijo: Veo que no fumas. Me gusta la gente como tú. ¿Sabes? Creo que puedo ayudarte a encontrar un trabajo en el parque de atracciones. Yo escuché sus palabras y quedé profundamente conmovida, y obviamente después dicen que me lavé la cara en el baño del bar y al verme en el espejo me pregunté: ¿Por qué no? Tendré trabajo, casa, comida y dinero para cigarrillos que fumaré a escondidas…
- Voy a encender la grabadora.
- No, no la encenderás porque dicen que fui al entrenamiento con él y que cuando el instructor del parque de atracciones nos vio juntos lo primero que dijo fue: Ustedes son la pareja que yo estaba esperando... Y dicen que cumplimos con el entrenamiento como unos profesionales, y entonces el entrenador nos entregó los disfraces y yo no podía creer…
- Al grano.
- Bueno, dicen que nos pusimos los disfraces de las dos ardillas simpaticonas…
- ¿Las ardillas o las ardillitas?
- Las ardillitas, claro, las de toda la vida. Y entonces, dicen que los dos salimos al parque vestidos de ardillitas gigantes para que los niños turistas se tomaran fotos con nosotros… Y dicen que todavía lo recuerdo como uno de los momentos más romántico que he vivido: juntos los dos, cogidos de la mano, observándonos con esos grandes ojos de plástico, llenos de amor con esa inmensa sonrisa…
- Vale. ¿Y qué paso?
- Dicen que al principio todo fue increíble. Fue como untar crema de cacahuetes con trozos de nuez y avellana sobre un pan de…
- Ahórrate el lirismo.
- Pues coño, dicen que el problema surgió con la aparición del ratón vestido de frac…
- No. ¿El famoso ratón que…?
- Exacto. Llegó con sus tres guardaespaldas, unos tipos que iban en plan undercover, disfrazados de turistas y con micrófonos escondidos en las orejas, porque no me digas que no sabes que todos dicen que el ratón necesita protección…
- No me jodas…
- Y dicen que llegó un autobús lleno de niños turistas provenientes de ese país…
- De ese país que parece que…
- Sí, y que también parece lo otro si resulta que nunca te has leído la historia de ese país. Pero bueno, el punto es que todo ocurrió muy rápido. Dicen que veinte o treinta niños turistas salieron corriendo del autobús y trataron de lanzarse encima del ratón vestido de frac. Y entonces dicen que sus guardaespaldas eran expertos en aikido y usaron la propia fuerza de los niños en su contra y los inutilizaron antes de que tocaran al ratón…
- ¿Y tú que hiciste?
- Dicen que me quedé viendo la escena tan impresionada que no me di cuenta de que varios de esos niños turistas se nos acercaban por la espalda. Dicen que saltaron sobre nosotros y que luego apenas pudimos ver a dos niños turistas que vinieron corriendo a toda velocidad y que terminaron estrellando sus cabezas contra nuestros estómagos.
- ¿Tenían navajas?
- Algo peor: el ratón los había rechazado y dicen que estaban histéricos y que querían una foto de grupo donde todos aparecieran acostados sobre nosotros. Y luego, dicen que un niño turista gordito se sentó sobre mi pecho y empezó a golpear mi cara de ardillita como si fuera una pera de boxeo.
- ¿Y los guardaespaldas del ratón no los ayudaron?
- No, estaban ocupados evacuando al ratón en helicóptero. Era una situación desesperante y dicen que con ese niño sentado en el pecho, la asfixia comenzó a apoderarse de todo mi cuerpo y que de pronto sentí una terribles, insoportables ganas de fumarme un cigarrillo. Porque dicen que siempre he dicho que quiero fumarme un cigarrillo antes de morir, y por eso, dicen que saqué fuerzas de donde no las tenía y entonces le metí un derechazo al niño turista gordito y a partir de ahí, a patada y puñetazo limpio, me fui quitando de encima a todos esos malditos niños turistas…
- ¿Y que pasaba con la otra ardillita que estaba contigo?
- ¡No me lo recuerdes! Dicen que la única solución que hallé para escapar fue lanzar a todos los niños sobre él y correr…
- Y dejaste otra ardillita mártir que nadie recordará...
- Y también dicen que corrí como loca hasta que pude disfrazar mi disfraz de ardillita con una gabardina y una gorra de béisbol y escapé del parque de atracciones en el autobús de las 11. Y dicen que fue como a las 11 y media que conseguí, mendigando en una estación de gasolina, que un camionero de ese otro país me regalara un cigarrillo.
- Los camioneros de ese otro país me caen bien. Siempre regalan cigarrillos.
- Y dicen que el camionero de ese otro país se apiadó de mí y me quitó la cabeza del disfraz porque ahora me estaba asfixiando con el humo. Y dicen que cuando vio mi rostro se le iluminó la mirada y tiernamente me besó en los labios y me llamó ardillita, ardillita mía, en el idioma de ese otro país...
- ¿De verdad te llamó ardillita, ardillita mía en el idioma de ese otro país?
- Sí, Juan. Es tan bello que sientes que algo impronunciable atraviesa tu alma... Y después dicen que al quitarme todo el disfraz hacía mucho frío y yo estaba bañada en sudor, vestida sólo con mi ropa interior y con los pezones tan duros como una tabla, con la tanga completamente húmeda y con las uñas de los pies mal pintadas, y entonces dicen que él se quitó su chaqueta y me la dió, y dicen que yo me subí a su camión y nos fuimos juntos, fumando como locos, cruzando campos, montañas y costas hasta llegar al país grandote que queda más allá de ese otro país.
- Y allá…
- Pues allá es cuando dicen que ahora puedes volver a encender la grabadora.
miércoles 17 de septiembre de 2008
Un 17 de septiembre
Si alguien pasa por aquí hoy, vaya corriendo y échele un ojo a Crisi... "Escribo en estas páginas para hacer público que he expropiado 492.000 euros a 39 entidades bancarias a través de 68 operaciones de crédito. Si incluimos los intereses de demora, la cifra actual de la deuda es de más de 500.000 euros que no pagaré." Con ese dinero "robado" a los bancos ha publicado un periódico impreso que acaba de mostrarme un amigo (y que ya está colgado on-line), ha armado una buena bronca que seguramente no aparecerá en ningún periódico o tv (puesto que se caga en todo los grandes grupos políticos y de comunicación españoles) y al parecer, ha logrado escapar ileso del Reino de España.Todo esto en un día que resuma romanticismo kamikaze...
La verdad es que, a veces, ¡adoro a los catalanes!
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Serie El final de los principios mundiales
sábado 13 de septiembre de 2008
1, 2, 3 y 4
1
Volví de las vacaciones y apenas he tenido tiempo de entender que ya estoy en la oficina y nadie, absolutamente nadie ha tenido tiempo de contarme lo que hizo en sus vacaciones. Llegamos y el trabajo, igual que una lamprea marina de esas que llenan los lagos de Canadá, empezó a chuparnos todo lo que tenemos. Es triste: las vacaciones ya ni siquiera son como un buen polvo de esos que no te aguantabas y tenías que contárselo a tus compañeros. No, las vacaciones ahora son vistas como un polvo discreto, rutinario y casi melancólico en medio de esta sensación asfixiante de que sólo trabajamos para sobrevivir o para comprar tiempo libre.
Dos días más tarde, la única que me contó algo fue una compañera:
- ¿Las vacaciones? ¡Una mierda!… Terminé con mi novio después de pelear todos los días.
Y se puso a llorar secándose los mocos con la falda. Por supuesto, al levantarse la falda pude ver unas espantosas bragas (pantaletas) de color verde, hechas con material sintético –con suerte, quizás lycra- tan comunes en el Reino de España. No me atreví a decirle que pienso que el uso del algodón en la ropa interior podría salvar a muchas parejas en este Reino, y bueno, tampoco me atreví a hablarle de las estadísticas que señalan que un tercio de las parejas rompen en vacaciones porque nadie soporta la convivencia y que además, en el fondo, casi todo el mundo aquí es un malcriado víctima del estado del bienestar… Pero ella decidió, al verme la cara de no atreverme a hablar, que lo mejor era no referirse a su vida personal y entrar, sin rodeos, en la comunicación fática:
- ¿Sabes? Estuve pensando en irme de cooperante social a algún país de Latinoamérica. Pero mejor… ¡Creo que voy a operarme las tetas!
La escucho, miro la ventana y compruebo, una vez más, que está sellada y que será imposible abrirla. Cierto: los constructores de edificios de oficinas saben como frustrar suicidios y será mejor vaya a buscar un café.
2
En el peor momento de trabajo, desesperado y a punto de mandarlo todo a la mierda, una amiga me envía el link de Italian Spiderman. Me salva la vida (¡gracias Julie!), y una vez más comprendo que no hay nada mejor que encontrar la estupidez adecuada en el momento más estúpido.
3
Salgo de una reunión de trabajo pensando en lo bien que lo pasaban los romanos que flagelaron a Jesús. No porque fuera Jesús, sino porque era su trabajo y el sadismo siempre ha estado de moda entre los seres humanos. Mientras vuelvo a mi escritorio pienso que bajaré al supermercado a comprarme un kilo de sal para ponerme en las heridas. Total, el masoquismo siempre ha estado de moda entre los seres humanos.
4
Llego a casa y pienso que las vacaciones existieron. Buscó entre las fotos y encuentro una foto que me arruga el corazón: a principios de agosto tuve la suerte de ir a la playa de Sant Pol de Mar con Marie y encontrarnos, por pura casualidad, con el último trabajo artístico de Jonas Marinel hasta el momento: Hombres Inflables buscan el Mediterráneo. En espera de su próxima exposición en México, los dejó con está imagen que capta el fugaz coqueteo de Marinel con el hiperrealismo.
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