viernes, 6 de marzo de 2009

Cerca, tan cerca

Vino de visita mi amigo José Manuel. Aparte de hacerme reír con sus chistorretes de siempre y deslumbrarme con su calva, me dejó un gran hueco en el corazón. No pude escucharlo todo lo que hubiese querido, ni pude decirle todo lo que tenía que contarle.

Tuvo que irse a Caracas antes de tiempo porque una de sus hijas enfermó y en medio de todo aquel apuro, pues le dio por cumplir años, fuimos a cenar juntos y allí viví la extraña sensación de ver a la persona que me volvió adicto al café tomando un té con limón. Ahora lo único que realmente importa es que su hija está bien, y lo demás, son palabras que podremos decirnos cuando sea.

Con tanto trabajo ni siquiera pude acompañarlo a dar una vuelta por la ciudad. y mientras cenábamos me contó que se fue de tiendas a ver si algo le gustaba. Supuse que se había comprado una camiseta del Barça o algo por el estilo, pero no...

- ¿Lentejas?

- Sí, me llevo cuatro kilos de lentejas. Me encantan las lentejas y haces más de ocho meses que no hay.

- ¿No hay lentejas?

- Ay, Juaninacio - así me llama desde hace años-, se nota que te estás galleguizando.

Nos despedimos con un abrazo y llevo los últimos tres días lleno de la energía de su calva.

Una energía que es, contradictoriamente, joven, melenuda y contestataria.

Al final, estoy feliz y me doy cuenta de que sigo teniendo el mismo gran amigo con quien me la pasaba hablando de chicas y libros mientras oíamos, hasta el cansancio, los mismos viejos discos de Charly Garcia.

Una de las pocas cosas buenas del desarraigo es saber que lo inesperado no cambia.





(Escuchar a todo volumen)

1 comentario:

spampi dijo...

juaaaaaaannnn!!!!!!!!!
tengo gana de llerte (escribe porfra) y de verte!
Chlebnikov, poeta ruso de quien nada sé, escribió un poema que dice más o menos así:

la ley de los columpios dicta
que se tengan zapatos ahora, grandes, ahora pequeños,
que ahora sea de noche, ahora de día
y que los señores de la tierra sean ahora el rinoceronte, ahora el hombre.