jueves, 16 de julio de 2009

Vito

Mi amigo Vito se ha ido de Barcelona. Igual como ya lo hicieron Demian, Luanda, David, Silvia, Javi, Frank, Audrius, Daniel, Diana, Omar, Emilie… Y como lo harán tantos otros y como lo haré yo mismo algún día, porque si algo te enseña Barcelona es a querer a la gente sabiendo que un día te separarás y otro día volarás alto. Sobre el suelo de esta ciudad nada pesa y lo único que parecer durar es el espejismo de sus viejos edificios, que sirve de telón para que los amigos se vuelvan una familia y se despidan. Lo bueno es que al final no habrá ni nostalgia ya que, por suerte, el corazón cuando abre los ojos sólo identifica el tiempo presente.


Así que Vito está ahora aquí, como todos los demás que se han ido. Y para mi alegría, también está allá, en Suiza, dándole besos y abrazos a Corinne y a la gata Liliput, razones suficientes para irse hasta el fin del mundo y luego volver sin tomar fotos. Total, no hay que olvidar que lo importante es la historia que Vito nos contará.


Ahora siento que me hubiese gustado pasar más tiempo con él antes de que se fuera, pero entre el trabajo y la espera del bebé yo poco he podido inventar. Aunque la verdad, hay que admitir que pasamos bastante tiempo juntos: días interminables tirados en el sofá viendo películas en las casas de Floridablanca y Comte Borrell; paseos y borracheras eternas por bares del Raval; resacas inmortales ante un café y un croissant en el Tres Tombs; conversaciones inagotables mientras buscábamos libros baratos en el Mercat Sant Antoni; inacabables ollas con los mejores y los peores espaguetis, infinitos como el alma, e incluso, viajar hasta Mascalucia, en Sicilia, y ver junto a él la imagen iluminada (por cientos de bombillas) del niño san Vito.


Así que hoy me hago el loco en la oficina y en lugar de trabajar escribo en su honor. Y no sólo eso: además les dejo un videoclip que hicimos juntos hace unos cuatro años… Si bien la historia de este video es compleja y merece unas cuantas cervezas, creo que puedo resumirla estoicamente: la verdad es que nos divertimos muchísimo, punto. Todo lo demás fue un verdadero desastre. Imaginen que hasta el grupo, Cheb Balowski, terminó por separarse algunas semanas antes de que el video estuviera terminado, quizás, justamente, porque se enteraron de que íbamos a terminarlo (¡Y ahora parece que se han vuelto a reunir!). Bueno, lo de terminado es un decir. Ni siquiera pudimos hacer un montaje final decente de este video maldito (¿Video maldito? ¡Vamos! Hace una semana un ordenador se murió ante la sorpresa del informático de la empresa, mientras juntos extraíamos de un DVD la única copia existente de este video). Y ahora que veo el resultado, me da risa y verguenza a la vez: ¿cómo pudimos hacer algo tan mongólico? Pero al mismo tiempo me digo: Y ahora, ¿qué coño importa? Ahora sólo importa decir que detrás de este videoclip se la pasaron muy bien Laia, Vito, Sandra, Carles, Pablo, Liliput y Juan (Liliput se metió en el primer plano de la grabación y ni nos dimos cuenta)…

Esta mañana desperté recordando el día en que Vito me contó que estaba estudiando a un filósofo que había demostrado que Cristo, al ser un ente divino, no cagaba. Al parecer, los alimentos se volvían éter en su estómago... Mierda, Vito, ¿cómo se llamaba ese filósofo? Te lo volví a preguntar mil veces...

Y mientras tanto digo a los cuatro vientos: Vito vive y yo lo conozco. Y sólo por eso, hoy la vida es sabrosa e intensa como la pasta cche sardi.


Y además, voy a ser papá. Así que Vito ahora será zio Vito.


1 comentario:

Laia dijo...

jua jua jua!!!! madre mía el clip.