jueves, 9 de diciembre de 2010

Sobre el placer de cancelar amistades que ya no existen


 Alejandro:


No he sabido nada de ti en años (ocho por lo menos), y no sé qué haces ni dónde estás metido.


Así que sólo espero que estés bien y sobretodo, vivo. Sí, sí, lo de vivo es importante, porque me da un poco de cosa lo de estar escribiéndole a un muerto para despedirme de él y de su e-mail.


Porque, bueno, te escribo para decirte que la cuenta de e-mail que realmente uso es otra. Y esta cuenta de hotmail, desde la que te escribo ahora, apenas la abro una vez al mes por razones absurdas y sentimentales (fue mi primera cuenta de e-mail, y en fin, no puedo abandonarla). Lo loco es que cada vez que entro en ella me encuentro con un e-mail tuyo, o más bien, con un e-mail que me ha enviado un robot-gusano-virus en tu nombre, ofreciéndome porno, compañía virtual o viagra, invitándome a alargar mi pene hasta las rodillas, prometiéndome que me haré millonario si ingreso mi dinero en un banco nigeriano o brindándome la oportunidad de infectar mi ordenador con unos cuantos virus.


Alejandro, te guste o no, durante años tu e-mail me ha tocado los cojones profundamente.


Y Alejandro, de verdad, no sé si estás muerto o si has abandonado esta cuenta de correo y ahora la manejan unos robots. Pero hoy he descubierto, luego de recibir otro correo con un link envenenado, que creía que te tenía cariño y que sólo por eso no he bloqueado tu e-mail. En otras palabras: que soy un imbécil, muy lento y emotivo.

En realidad, nos importa tan poco saber el uno del otro que en ocho años nunca nos hemos escrito. Vamos, que ni siquiera nos hemos buscado en Facebook para aparentar algún tipo de vínculo. Y pensándolo bien, ¿por qué coño te tengo cariño? Jamás hiciste nada por mí y yo tampoco hice nada por ti. Simplemente nos caíamos bien porque a los dos nos gustaban las mismas películas hace ocho años. Sí. Eso es todo, o más bien, era mucho y en ocho años de ausencia se ha convertido en nada. Recordarte con tu chandal Adidas hablando de Hal Hartley me transmite la misma sensación de encontrar un viejo trozo de pizza mordido y abandonado en el fondo de la nevera... ¿Por qué no lo he tirado antes a la basura?

Y por eso, e-mail de Alejandro, vete a la mierda y desaparece de mi vida virtual. 
Y tú, Alejandro, si estás vivo, vete a la mierda también y espero que todo el día la gente te fastidie tarareándote la canción de Lady Gaga. Y si estás muerto, púdrete en paz.

Un gran abrazo,

Juan

5 comentarios:

Adriana dijo...

ay mi Juan eres genial!, eso de soy un imbecil muy lento y emotivo es too much, demasiado, demasiaaadooo (con acento sifrinisimo eso si), me encanta cuando escribes estas cosas tan locas, tan intimas, tan normales, me encantas tu pues.

Un paseante dijo...

Bien. Eso se llama soltar lastre. Y un lastre convertido en spam, más lastre todavía. Es curioso cómo ha cambiado la vida estos últimos años: ahora, las amistades perdidas son spam.

I.B dijo...

Celebro encontrarte. No se como llegué a tu espacio pero decidí seguirte porque me parece muy buena esta entrada sobre la cancelación de amistades. Saludos. Te leo

Juan Ignacio dijo...

Chase:
¡Gracias de nuevo! Al final no hay nada mejor que reconciliarme con mi estupidez...

Paseante:
Tienes razón. No lo había visto así, pero es verdad que muchas amistades perdidas son spam. ¡Y qué coñazo!

I.B.:
Yo tampoco sé como llego a donde llego en Internet. Al menos, s un lugar en el que uno todavía puede perderse.

Abrazote

Juan

downlights dijo...

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