miércoles, 9 de noviembre de 2011

Un premio

Pues con este video todo el equipo audiovisual de Digital-Text (del que este servidor forma parte) ha ganado el Premio Medios audiovisuales del I Certamen de Comunicación Científica, otorgado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). 
¡Carajo, para una vez que uno se gana un premio! A ver si les gusta... 

viernes, 21 de octubre de 2011

El verdadero Gerald McBoing Boing

Hace unas semanas lei en el blog de Toro Salvaje una de las aventuras de Justiniano en la que éste quería tener su propio programa de radio. Yo le comenté que hace años trabajé como guionista en una emisora y que mi sueño era volver a hacerlo y, ¿por qué no?, vivir escribiendo radionovelas... En fin, que desde aquella lectura he estado evocando mis días en la radio, que los hubo buenos, regulares, malos y muy malos... Trabajando con dos locutores que no sabían hablar si no les escribías lo que iban a decir y que con suerte llegaban al coheficiente intelectual de un moribundo hamster obeso, es un relato que sólo podía llegar un final triste y liberador. 

Pero bueno, otro día les escribiré esa historia. Hoy les voy a contar que estuve hablando un buen rato con Antonio sobre los estudios de dibujos animados UPA. Y bueno, le confesé que aparte del maravilloso Mister Magoo, yo no tenía ni idea de los trabajos que se hicieron en ese estudio. Así que Antonio me pasó unos links de unas películas sobre Gerald McBoing Boing.

La primera ganó el Oscar al Mejor Cortometraje de Animación en 1950. ¡Por favor veánlas y que viva la radio! Ya nos diremos algo si les gustó...
        









lunes, 26 de septiembre de 2011

Dos fotos encontradas junto a un contenedor de basura (carrer de Viladomat con carrer Manso)

Como si no se hubiera ido jamás, Vito ha vuelto a Barcelona y el domingo le di una mano para transportar una biblioteca hasta su nuevo piso.

Aproveché y me di una vuelta por Floridablanca 83 y fui otra vez testigo de que todo sigue igual. Lo siento mucho, pero a mí eso de que las cosas no cambien me pone muy nervioso: ni una planta con flores diferentes o alguna cortina nueva, ni siquiera un neón quemado o que parpadeara en el restaurante persa que hay al lado. Incluso, si un día van allí, descubrirán que el número 83 se halla en el lugar más oscuro de esa calle y disfruta de una discreción que no merece. Una y otra vez di la vuelta a la manzana para volver a encontrarme con los preciosos balcones de este edificio y, repito, el sentimiento de que todo siga igual a mí me da ganas de correr. Y a punto estuve de hacerlo, pero bueno, la verdad es que no lo hice por una razón muy poco romántica: llevaba chancletas.

Así que cruce por Viladomat y me alejé al ritmo de las chancletas que golpeaban mis talones al caminar. Me lié un cigarrillo, lo encendí y cuando estaba a punto de llegar a carrer Manso, encontré estas fotos junto a un contenedor.

FOTO 1 

Un grupo de jubilados al que le gusta jugar a la petanca (bolas criollas en Venezuela) posa orgulloso en medio de la cancha.


Sin embargo, algo importante está ocurriendo al hombre que se encuentra en el lado izquierdo de la foto. Veamos una ampliación:



Efectivamente: el hombre está mirando hacia al lado izquierdo y además, es muy probable que no haya sobrevivido a esos shorts tan ajustados (pantalones cortos en España). Tal vez le cortaron la circulación de las piernas y ahora, quizás, está muerto...


FOTO 2

Foto de una boda en los años ochenta o principios de los noventa. Primero, el extraño encuadre que hizo el fotógrafo impide que sepamos de qué tamaño es la boca de la novia. Y segundo, el misterioso gesto de las manos que comparte con su futuro marido sólo puede significar una cosa y además... 


Veamos una ampliación de la foto:



Sí, ese es el padrino de la boda. Sonríe porque sabe la verdad y el pobre no sospecha la terrible responsabilidad que conlleva saber la verdad. Mantenerse en un segundo plano no le libra de ser un ignorante con gafas inmensas ni le garantizará la salvación. Sí, es muy posible que ahora el padrino esté muerto...


Así que, luego de sentir el inconmensurable placer de matar a dos personajes de una trama que desconozco, partí en dirección a la casa de Vito. Lo siento por ellos, pero tuve la necesidad de que algo, lo que fuera, cambiara.

Es la única manera de que pueda volver a visitar Floridablanca 83. 

jueves, 22 de septiembre de 2011

La fé en la mirada

Hoy salí de la oficina a fumar con Raúl y a medio cigarro comenzamos a hablar de las películas más raras de cine español que habíamos visto. Cuando apagué la colilla, yo le había descubierto a Raul la existencia de José Val del Omar, y él me había descubierto la de Segundo de Chomón.


Ambos pasamos el resto de la tarde viendo, a escondidas, películas de estos dos maestros.

Y si El Hotel Eléctrico (1908) me gustó, Los Kiriki acróbatas japoneses (1907) me devolvieron la fé en la mirada.


miércoles, 22 de junio de 2011

16 días sin café

 



En el año 2000 ya llevaba varios años tomando un promedio de 15 tazas de café al día. Y cuando digo tazas, quiero decir tazas bien grandotas llenas de un café que parecía petróleo y al que agregaba cuatro o cinco cucharadas de azúcar, con las manos temblando como si tuviera síndrome de Parquinson. Evidentemente, colapsé: entre el café, los nervios del trabajo y dormir cuatro horas diarias, un día me dio un dolor de panza que casi me mata y que resultó ser un principio de úlcera.


Y así pasé seis meses bebiendo manzanilla. Pero cuando estuve bien volví a entregarme al vicio... Han pasado once años en los que he bebido cualquier tipo de café, desde el más celestial expresso preparado por un italiano (¿por qué los italianos siempre hacen el mejor café?), hasta el café más repugnante y miserable proveniente de una máquina (en este caso no hay que hacerse preguntas retóricas, pues todos los cafés de máquina son una mierda). Sangre con café y alguna tostada ha sido mi vida hasta hace 16 días.


Porque he dejado el café. Fue terrible, por más que lo intentaba no lograba bajar de seis tasas diarias y por eso tomé esta salida extrema. ¿Y por qué lo he hecho ahora y no antes? No lo sé. Supongo que dentro de unos años me inventaré una razón plausible, pero en este momento no tengo ni idea. Intuyo que en medio de esta terrible crisis estoy siguiendo el ejemplo de los políticos españoles y he decidido aplicar unos recortes económicos a mi ansiedad. Así de simple: jódete, ansiedad. No hay más dinero para ti. Vete a buscar trabajo en Alemania...


Y cada mañana me repito, parafraseando a los alcohólicos anónimos: «hoy no bebo café, mañana sí». Coño, ya pasé tres días con terribles dolores de cabeza por el síndrome de abstinencia o como sea que se llame. Ya me estoy acostumbrando a bostezar sin complejos y a sacar energías de otro lugar que no sé cuál es, porque, me imagino que en algún lugar uno debe guardar las energías, ¿no? Y lo de ir al baño, en fin, después de una semana y varios retortijones, me he ido regularizando y debo admitir que he cosechado varios éxitos.


Por otra parte, lo siento mucho por los agricultores y todas las campañas de comercio justo que, me cago en su madre, siempre tienen que ver con el café. Lo siento, de verdad, pero voy a evitar invertir en cualquier cosa que tenga que ver con la cafeína. Durante veinte años de adicción les he dado un buena cantidad de dinero (me da verguenza calcular cuánto puede ser) y espero que sepan administrarla bien.


Porque ahora se acabó.


No más café. 

Todo está cambiando. Hasta mi mal aliento es distinto. No sé si menos malo, pero al menos, es distinto. Y espero que algún día pueda sentir que las cosas van a mi velocidad y no a la velocidad del café. 


P.d.: Querido George Clooney, que te atropelle un trolebús de cemento.