miércoles 12 de agosto de 2009

Juan, Juanjuán y Juanjuanjuán


No suelo tomar textos de otras personas, pero esta primera vez creo que vale la pena. Aquí les dejo «Juan, Juanjuán y Juanjuanjuán», un cuento incluído en Cuando el mundo era joven todavía de Jürg Schubiger, uno de los mejores libros para niños que he leído en mi vida. Y la ilustración la ha hecho mi amiga Marina Martin, quien me ha fotocopiado tres veces de memoria y sin nunca haberme visto de niño...

«Un padre tenía tres hijos exactamente iguales. El primero se llamaba Juan; el segundo Juanjuán, y el tercero, Juanjuanjuán. Los tres hijos jugaban en el jardín, y el padre les llamaba cuando la comida estaba preparada. Cuando quería referirse a los tres hijos gritaba: «Juanjuanjuanjuanjuanjuán». Más tarde, inventó la abreviatura Juanjuanjuan; el nombre Juanjuanjuán tiene tres partes, y contenía los nombres de Juan y Juanjuán. Pero cuando el padre gritaba: «¡Juanjuanjuán!», refiriéndose sólo a Juanjuanjuán, a veces iban los tres, y cuando se refería a los tres, a veces sólo iba Juanjuanjuán. Pero el mayor lío se armaba cuando el padre tenía que llamar al primer hijo, a Juan, dos o tres veces porque no contestaba. En esos casos, a veces iba Juanjuán o Juanjuanjuán, según les convenía.


El padre comprendió que no había elegido bien los nombres de sus hijos. Tenía que poner otros nombres. Así que desde entonces llamó al primer hijo Juanrodolfo, al segundo, Juancarlos, y al tercero, Juanjacobo.»



P.D. Y todo para decir que ya soy papá y que recordé a tiempo este cuento. Así que nuestro hijo se llama Gastón.


domingo 2 de agosto de 2009

Radio muere en Venezuela

martes 21 de julio de 2009

Estoris 4

lunes 20 de julio de 2009

Estoris 3

jueves 16 de julio de 2009

Vito

Mi amigo Vito se ha ido de Barcelona. Igual como ya lo hicieron Demian, Luanda, David, Silvia, Javi, Frank, Audrius, Daniel, Diana, Omar, Emilie… Y como lo harán tantos otros y como lo haré yo mismo algún día, porque si algo te enseña Barcelona es a querer a la gente sabiendo que un día te separarás y otro día volarás alto. Sobre el suelo de esta ciudad nada pesa y lo único que parecer durar es el espejismo de sus viejos edificios, que sirve de telón para que los amigos se vuelvan una familia y se despidan. Lo bueno es que al final no habrá ni nostalgia, ya que por suerte, el corazón cuando abre los ojos sólo identifica el tiempo presente.


Así que Vito está ahora aquí, como todos los demás que se han ido. Y para mi alegría, también está allá, en Suiza, dándole besos y abrazos a Corinne y a la gata Liliput, razones suficientes para irse hasta el fin del mundo y luego volver sin tomar fotos. Total, no hay que olvidar que lo importante es la historia que Vito nos contará.


Ahora siento que me hubiese gustado pasar más tiempo con él antes de que se fuera, pero entre el trabajo y la espera del bebé yo poco he podido inventar. Aunque la verdad, hay que admitir que pasamos bastante tiempo juntos: días interminables tirados en el sofá viendo películas en las casas de Floridablanca y Comte Borrell; paseos y borracheras eternas por bares del Raval; resacas inmortales ante un café y un croissant en el Tres Tombs; conversaciones inagotables mientras buscábamos libros baratos en el Mercat Sant Antoni; inacabables ollas con los mejores y los peores espaguetis, infinitos como el alma, e incluso, viajar hasta Mascalucia, en Sicilia, y ver junto a él la imagen iluminada (por cientos de bombillas) del niño san Vito.


Así que hoy me hago el loco en la oficina y en lugar de trabajar escribo en su honor. Y no sólo eso: además les dejo un videoclip que hicimos juntos hace unos cuatro años… Si bien la historia de este video es compleja y merece unas cuantas cervezas, creo que puedo resumirla estoicamente: la verdad es que nos divertimos muchísimo, punto. Todo lo demás fue un verdadero desastre. Imaginen que hasta el grupo, Cheb Balowski, terminó por separarse algunas semanas antes de que el video estuviera terminado, quizás, justamente, porque se enteraron de que íbamos a terminarlo (¡Y ahora parece que se han vuelto a reunir!). Bueno, lo de terminado es un decir. Ni siquiera pudimos hacer un montaje final decente de este video maldito (¿Video maldito? ¡Vamos! Hace una semana un ordenador se murió ante la sorpresa del informático de la empresa, mientras juntos extraíamos de un DVD la única copia existente de este video). Y ahora que veo el resultado, me da risa y verguenza a la vez: ¿cómo pudimos hacer algo tan mongólico? Pero al mismo tiempo me digo: Y ahora, ¿qué coño importa? Ahora sólo importa decir que detrás de este videoclip se la pasaron muy bien Laia, Vito, Sandra, Carles, Pablo, Liliput y Juan (Liliput se metió en el primer plano de la grabación y ni nos dimos cuenta)…

Esta mañana desperté recordando el día en que Vito me contó que estaba estudiando a un filósofo que había demostrado que Cristo, al ser un ente divino, no cagaba. Al parecer, los alimentos se volvían éter en su estómago... Mierda, Vito, ¿cómo se llamaba ese filósofo? Te lo volví a preguntar mil veces...

Y mientras tanto digo a los cuatro vientos: Vito vive y yo lo conozco. Y sólo por eso, hoy la vida es sabrosa e intensa como la pasta cche sardi.


Y además, voy a ser papá. Así que Vito ahora será zio Vito.


viernes 10 de julio de 2009

Estoris 2

martes 30 de junio de 2009

Soy un oculista... ¡Y la amo!

jueves 21 de mayo de 2009

El Zorro era yo

A los cuatro años de edad vi por primera vez El Zorro, a blanco y negro, con el galán Guy Williams como Diego de la Vega, con el calvo Bernardo que se hacía pasar por sordo, con el caballo negro Tornado y con la inmensa panza del borracho Sargento García (¡era tan lindo cuando había borrachos en las series para niños!). El Zorro fue una de las bases de mi educación sentimental y también me ayudó a comprender que nunca sería un héroe justiciero: para ser un héroe justiciero hay que ser millonario, no trabajar nunca, salir por las noches disfrazado de negro, meterte en broncas y nunca salir herido o mal parado, destrozar medio pueblo y luego, al día siguiente, irte de paseo como si nada (sí, supongo que Batman terminó atrayéndome por las mismas razones). Además, en una época tan políticamente correcta como los años 50, no podía faltar que los malos fueran los malditos y despiadados españoles, quienes le jodían la vida a los pobres y sufridos gringos de Los Angeles y a los desadjetivados mexicanos de utilería que siempre se veían al fondo de cada escena.

Pero bueno, a mí me impresionó tanto ver El Zorro, que a mis cuatro años tomé un creyón negro y me puse a rayar las paredes de la sala, las solapas de los libros de la biblioteca e incluso, la parte de atrás de los portarretratos familiares con la gloriosa Z del Zorro.

Y mi mamá se enfadó mucho y recuerdo que me regañó y me castigó: durante días no pude tocar ni un lápiz, ni un bolígrafo ni un creyón, y mucho menos, ver El Zorro en la tele. Mis hermanos mayores, obviamente se rieron de mí hasta el cansancio.

Este post está dedicado a todos los viejos niños que en cualquier parte del mundo hicieron lo mismo que yo, y que tuvieron la suerte de tener hermanos menores y la inteligencia para echarles la culpa por lo que ustedes hicieron.

En italiano:



En francés:



En inglés:



Y en castellano:



P.D.: Otro día les contaré el día que me disfracé del Zorro.


martes 12 de mayo de 2009

La pistola de palabras II

- Salve a mi amigo, doctor, ¡sálvelo!
- Oye chamo, tranquilízate. Si quieres que salve a tu amigo, TE-ME-TRAN-QUI-LI-ZAS…
- Pero, ¿lo va a salvar, verdad?
- Claro, no ves que en este ambulatorio hay de todo. Tenemos suelo, techo, aire y una mesa que no se la han robado porque es de cemento.
- No se burle doctor, que mi panita está agonizando… Vamos pues, ¡muévase! ¡Haga algo! ¿Dónde guarda el equipo para operar?
- En el bolsillo. Mira: tengo hilo de pescar y una navaja suiza.
- ¿De verdad es suiza?
- No.
- Cooooño...
- Mucha queja y mucha guevonada, y a mi me huele que ustedes dos andaban en una vaina rara, drogándose, metiéndose comic sans en medio de la calle…
- ¿Nosotros? ¡Ta’ loco doctor! Mi pana y yo estamos en contra de la comic sans… Eso es una lacra social que hay que prohibir para salvar a nuestra juventud…
- ¿De verdad? ¿Y por qué estás tan nervioso y hablando como si estuvieras en una propaganda antidrogas?
- Bueno, doctor… Fumamos un poquito de Times New Roman, y eso no jode a nadie, ¿verdad?
- Sí, sí… Ayúdame a quitarle la chaqueta, el suéter, la camisa y la camiseta a tu amigo… Con este calor de mierda, ¿por qué coño se visten así?
- ¡Sálvelo doctor!
- Veeerga… Esta herida es un desastre. Chamo, cuéntame que pasó y cuéntame la verdá, ¿okey?
- Doctor, salimos de casa y cuando íbamos a cruzar la acera ¡TUM!, una palabra perdida hirió a mi amigo en el pecho…
- ¿Otra vez? Todo el mundo viene aquí con ese cuento de la palabra perdida.
- ¡Pero es la verdad doctor! Asómese por la ventana...¿Sabe cuántas palabras perdidas están volando sobre Caracas? Palabras sin dueño que ya nadie pronunciará, atravesando un cielo sin texto, rompiendo las nubes como juguetes viejos, solitarias y mortales, llenas de rabia al caer como una lluvia de pianos desafinados...
- ¡Ah no! ¡Eso sí que no! No te me pongas poético que te meto un navajazo… Te me callas la boca que vamos a ver que puedo hacer con esta herida… ¡Mieeeerda!
- ¿Qué pasa?
- Que no lo hirieron con una palabra… Le metieron una estrofa completa por el pecho.
- Usted es doctor, ¡contrólole la rima, aplíquele una aliteración!
- No es tan fácil… Esta estrofa es un tetrástrofo monorrimo.
- ¿Y qué?
- Pues que es una estrofa española del siglo XII que se compone de cuatro versos alejandrinos, o sea, de catorce sílabas, con rima consonante uniforme, repartidos en dos hemistiquios de siete sílabas, con pausa o cesura entre ellos… ¡Qué cagada! No puedo extraerla. No soy médico medievalista.
- ¿Y dónde encuentro yo a un medievalista?
- En una clínica privada.
- ¡No me joda! ¿Y pa que coño es usted médico si no sabe extraer una estrofa de mierda?
- Un momentito chamo, un momentito. Yo estoy especializado en rap y en copla llanera. Cuando yo estudié, la gente no se la pasaba disparándose poesía culta que no entiende. Oye, si al menos fuesen unos pentámetros yámbicos podríamos inyectarle unos acentos, pero...
- ¡Pues me da lo mismo! ¡Coño, sáquele esa estrofa!
- Aunque se la saque no servirá de nada. Siento decirte que a estas estrofas las remojan en versolibrismo, y en este momento cada palabra está mutando en el interior de tu amigo.
- ¡No puede ser!
- Sí que puede ser. En los laboratorios de armas hacen cualquier cosa con las palabras.
- ¡Hijo'e'putas! Pero, ¿en qué país estamos viviendo?
- En un país donde no se respetan las leyes de la métrica.
- O sea que, mi pana ya está muerto…
- Sí.
- ¿Y qué vamos a hacer?
- Llamar a los de la morgue. Y mientras los esperamos, ¿qué te parece si fumamos un poquito de Helvetica Light?


viernes 8 de mayo de 2009

La pistola de palabras


In memoriam Ateneo de Caracas



- No está mal, mi pana… Pero, si vas y te compras una pistola de palabras… No sé, mejor haber hecho una gran inversión y te comprabas una ametralladora de palabras de una buena vez, ¿no?

- No me ladilles… Sólo me alcanzaba para comprarme una calibre 22.

- De verdad que es chiquitica… Y es de producción nacional... Chamo, ¿me dejas disparar con ella?

- ¡Claro! Pero apunta a la pared, no sea que mates a alguien de un palabrazo.

- ¡Ni que trabajara en el gobierno! Bueno, voy a disparar… ¿Estás listo?

- Dale…


… … …... ... . . . . . .... .... . . ... . . ... …...


- ¡No sale nada! ¿Seguro que está cargada?

- ¡Seguro! Vuelve a apretar el gatillo…

- ¡Okey!... ¡Voy!…





… … … ve … … …ve ….ve.. ... ... ... ... ... .. ... ... . . . .... . . . ...... ... ...





- Ay chamo, esta vaina no sirve pa`nada...

- ¡Pues dame acá guevón!

- Espérate… ¡Déjame darle otra vez!... ¡Voy!





… … … Venezuela… … es… … … … … … ... ... ... …





- ¡Funciona! ¡Sigue apretando el gatillo!

- ¡Le estoy dando! ¡Le estoy dando!





…. …. …. … … … …... ... .. ... . . . . . ........ . . . . ... … … … …




- Que va, mi pana... No sirve. Estas pistolitas siempre se encasquillan con los adjetivos.

- ¡No joda! ¡Dame esa pistola! Ya vas a ver, aquí tengo una palabra con la que sí va a funcionar…

- Chamo, ¿qué estás haciendo con ese cargador? ¡Epa, eeepa! ¿De dónde sacaste tú esa palabra esdrújula? Mira que… ¡Y es un adverbio! No chaaamo, coño, verga, cuidao, que mira que están prohibidas en la calle y te pueden…

- ¡Ya cállate!

- Pero… ¡Chamo! ¡No! ¡No te apuntes en la cabeza!

- ¡No te me acerques!… ¡Se acabó está mierda! ¡Hasta nunca!



… … … ……… . . . . . . … … .. .. . . … . .. . . . . …. ..





-¡Coñoelamadre! ¡No funciona! ¡Mierda, mierda, mierda!...

- Tranquilízate mi pana... ¡Ya pasó!... Ya pasó... Todo está bien... Así es la vaina en este país...

- Pero…

- Es así y punto…

- Y ahora… ¿Qué nos queda?

- Pues… Seguir siendo lo que siempre hemos sido: dos sustantivos sin pistola.

- Con pistola o sin pistola… ¡Es igual!

- ¿Me lo dices o me lo preguntas?

- Coño… ¡Qué jodidas son las palabras!

- Así mismito es… ¡Y eso que no somos poetas!





domingo 26 de abril de 2009

Pequeña carta abierta a Caramelo

Caramelo,

Pues sí, voy a ser papá y por lo que me cuentas, tú vas a ser mamá... ¡Felicitaciones! O como dicen por aquí los gallegos: ¡Enhorabuena! Esperó que estés bien, disfrutando de la vida e igual de impresionada que yo.

Si tengo tiempo que no escribo por aquí es debido a que tengo toda mi corazón puesto en Marie y en su panza de casi seis meses. Tengo varios textos a medio terminar y sinceramente los terminaré cuando los termine. Imagínate, en enero me dio embarazo masculino - ya sabes, todo ese lío de solidaridad que nos da a los hombres que no entendemos qué coño está pasando-, y engordé un montón y empezaron a dolerme las lumbares. Después se me pasó y comprendí que lo único que quería en el universo era vivir cada momento con Marie. Y si no estoy con ella sólo puedo imaginarla caminando y haciendo de todo -Marie es un cohete- con esa hermosa barriga que me está cambiando hasta el modo de parpadear.

Y todo para decirte que estoy feliz, tanto, que hasta se me ha ido el miedo y la cagazón que tuve al principio. Y también me estoy volviendo más cursi, pero bueno, no importa: así es la naturaleza de sabia y me encanta.

Te dejo la foto de un trébol de cuatro hojas que nos creció en casa. Y claro, la foto es de Marie y la tomó apuntando desde su ombligo.

¡Abrazote y besos!

Juan Ignacio






martes 31 de marzo de 2009

Three little Bops

Con esto de que voy a ser papá, ahora me da por pasear por mi infancia y encontrarme con videos como éste... La verdad que esta versión con doblaje latino - la que conocí de niño - me da una alegría indescriptible.


martes 24 de marzo de 2009

Antigua antigüedad

- Juan, pásame la botella...

Le pasé la botella y Edu bebió, bebió y bebió hasta que le dije:

- Cooooño... ¿Vas a ir a comprar otra?

- Perdón... Es que el ron me gusta mucho...

- Claro... Oye Edu, ¿qué carajo te está pasando?

- Juan... Es que... Estuve en Atapuerca.

Edu me miró con sus grandes ojos que se veían aún más grandes debido al efecto lupa de sus gafas. Sus pupilas me observaban y temblaban como una niña sin toalla al borde de una piscina. Volví a pasarle la botella.

-Edu, eres arqueólogo. Cualquier arqueólogo estaría feliz de ir a las excavaciones de Atapuerca. ¿Qué coño te pasa?

- Juan, ¡el gobierno ha ocultado la verdad!

Me tapé la cara con ambas manos ... ¿Cuántas veces en mi vida he escuchado la frase "el gobierno ha ocultado la verdad"? ¿Cuántas miles de veces más tendré que escucharla?... Respiré hondo, oí el ruido de la garganta de Edu tragando ron y dije:

- Vamos, Edu... Cuéntame. Sin dramatismo ni disgregaciones. Simplemente, cuenta.

- Se ha dicho que en Atapuerca hay testimonios fósiles del Homo antecessor, el Homo heidelbergensis y el Homo sapiens..

- Ajá...

- Pues es cierto. Pero lo que no han dicho es que Atapuerca no era más que el primer mercado de antigüedades de la prehistoria.

- ¿Cómo es la vaina?

- Lo que oyes. Se sospecha que los neandertales, como buenos europeos, un día decidieron abandonar la caza, la pesca y la recolección para vivir de la venta de antigüedades. Reunieron piezas y artefactos, crearon el mercado y claro, el problema fue que a los cromagnones no les iba la moda retro y no quisieron comprarles nada a los neandertales y entonces... ¡Oh Dios! Fue horrible... ¡Los neandertales se extinguieron! ¡Murieron rodeados de antigüedades que nadie quizo comprar! ¡Y ahora todos los gobiernos europeos lo niegan!... ¿Será un reflejo de lo que nos va ocurrir con la crisis? Juan, ¿qué va a pasar con Europa?... Juan... ¿Juan?... ¡Juuuaaaaaaan!

Y junto a Edu sólo había lo que cualquier venezolano habría dejado: una botella vacía de ron.

viernes 6 de marzo de 2009

Cerca, tan cerca

Vino de visita mi amigo José Manuel. Aparte de hacerme reír con sus chistorretes de siempre y deslumbrarme con su calva, me dejó un gran hueco en el corazón. No pude escucharlo todo lo que hubiese querido, ni pude decirle todo lo que tenía que contarle.

Tuvo que irse a Caracas antes de tiempo porque una de sus hijas enfermó y en medio de todo aquel apuro, pues le dio por cumplir años, fuimos a cenar juntos y allí viví la extraña sensación de ver a la persona que me volvió adicto al café tomando un té con limón. Ahora lo único que realmente importa es que su hija está bien, y lo demás, son palabras que podremos decirnos cuando sea.

Con tanto trabajo ni siquiera pude acompañarlo a dar una vuelta por la ciudad. y mientras cenábamos me contó que se fue de tiendas a ver si algo le gustaba. Supuse que se había comprado una camiseta del Barça o algo por el estilo, pero no...

- ¿Lentejas?

- Sí, me llevo cuatro kilos de lentejas. Me encantan las lentejas y haces más de ocho meses que no hay.

- ¿No hay lentejas?

- Ay, Juaninacio - así me llama desde hace años-, se nota que te estás galleguizando.

Nos despedimos con un abrazo y llevo los últimos tres días lleno de la energía de su calva.

Una energía que es, contradictoriamente, joven, melenuda y contestataria.

Al final, estoy feliz y me doy cuenta de que sigo teniendo el mismo gran amigo con quien me la pasaba hablando de chicas y libros mientras oíamos, hasta el cansancio, los mismos viejos discos de Charly Garcia.

Una de las pocas cosas buenas del desarraigo es saber que lo inesperado no cambia.





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