viernes, 25 de abril de 2008

Venía a salvarnos

Yusmelis no sospechaba que el destino la había elegido para ser la madre del hombre que traería la alegría a nuestro sufrido planeta. El hombre que nos haría sonreír sin sarcasmo, que sería capaz de devolvernos al estadio de la más ingenua humanidad, generosa y alegre, donde al fin se acabarían los políticos, el hambre y las leyes y donde las religiones y las profecías se revelarían como una vano ejercicio publicitario. Ese hombre, que se llamaría Maikel José, se encuentra en este momento asomando su pequeña cabeza al mundo mientras su madre grita por los dolores del parto. El Doctor Winston Alfredo, las enfermeras y una buena dosis de peridural le dan ánimos, y así Yusmelis da a luz a nuestro querido Maikel José que sale y recibe su primeras nalgadas en señal de bienvenida. Pero el niño, en lugar de llorar por las nalgadas, se pone a reír. Y al mismo tiempo su madre, las enfermeras, el doctor y todo el hospital comienzan a reír a carcajada limpia, arrebatados por una alegría indescriptible que ya anuncia una nueva era. Y entonces, en medio de las risas, Maikel José se resbala de las manos enguantadas del Doctor Winston Alfredo, cae al suelo, se rompe el cuello y muere.

Ahora tendremos que esperar hasta que el destino decida contarnos otro chiste malo.

1 comentario:

CARAMELO dijo...

Te pasastes!!!!Q chiste tan cruel...