viernes, 25 de abril de 2008

Venía a salvarnos

Yusmelis no sospechaba que el destino la había elegido para ser la madre del hombre que traería la alegría a nuestro sufrido planeta. El hombre que nos haría sonreír sin sarcasmo, que sería capaz de devolvernos al estadio de la más ingenua humanidad, generosa y alegre, donde al fin se acabarían los políticos, el hambre y las leyes. Ese hombre, que se llamaría Maikel, se encuentra en este momento asomando su pequeña cabeza al mundo mientras su madre grita por los dolores del parto. El Doctor Arturo, las enfermeras y una buena dosis de peridural le dan ánimos, y así Yusmelis da a luz a nuestro querido Maikel que sale y recibe su primeras nalgadas en señal de bienvenida. Pero el niño, en lugar de llorar por las nalgadas, se pone a reír. Y al mismo tiempo su madre, las enfermeras, el doctor y todo el hospital comienzan a reír a carcajada limpia, arrebatados, sí, por esa alegría indescriptible que ya anuncia una nueva era. Y entonces, en medio de las risas, Maikel se resbala de las manos enguantadas del Doctor Arturo, cae al suelo, se rompe el cuello y muere.

Ahora tendremos que esperar hasta que el destino decida contarnos otro chiste malo.

jueves, 24 de abril de 2008

Franz y Gregorio buscan trabajo en la tele

Franz se sentó y observó al hombre que estaba detrás del escritorio. Nada llamaba la atención y nada parecía fuera de lugar en aquella pequeña oficina de tabiques blancos, algo sucia y mal iluminada. Parecía que todo había estado allí desde siempre, incluyendo a ese hombre medio calvo y medio barbudo que escribía algo en un papel.
- A ver… Franz – dijo el hombre levantado los ojos y señalándolo con el bolígrafo- , ¿cuál es tu show?
- ¿Show?... Yo no tengo ningún show.
- Jodeeer… No empecemos. Esto es un casting y si viniste es porque tienes un show o algo que mostrar. Si no tienes nada, pues venga, circula y hasta luego chaval… ¡El siguiente!
- No, no… Espere. Yo tengo una cucaracha.
- Ah, con que tienes una cucaracha…

Franz sacó a su amigo del bolsillo de la chaqueta y lo mostró cuidadosamente sobre la palma de su mano.

- Se llama Gregorio…
- Una cucaracha que se llama Gregorio – dijo el hombre mientras escribía algo en el papel-. Muy bien. ¿Y qué hace Gregorio? ¿Baila?
- No.
- ¿Salta? ¿Vuela? ¿Hace algún truco?
- No.
- Vale, vale… Entonces tienes una relación zoofílica y Gregorio es tu novio…
- No.
- Pues entonces vives en una casa asquerosa, rodeado de bichos y te haces llamar “el señor de las cucarachas”…
- Tampoco.
- Oye, Franz… Aquí estamos trabajando. Aquí hacemos televisión. Aquí buscamos frikis con historias que valgan la pena para un programa que sale en prime time… O me dices que coño hacen tú y tu cucaracha, o se me van...
- Bueno, la cosa es que Gregorio sufre…
- ¿Sufre? Ajá, eso está mejor… Una cucaracha que sufre – volvió a anotar algo en el papel-. ¿Y por qué sufre?
- Porque es una metáfora de la ansiedad, el rechazo y la alienación.
- ¿Una metáfora? ¿Pero qué dices?
- Sí, y además es víctima de un error de traducción. En realidad Gregorio es un escarabajo, pero lo tradujeron como cucaracha y…
- ¿Y qué? ¿Cuándo sufre grita, canta o toca el violín dentro de la ducha? ¿Qué coño hace tu cucaracha Franz?
- Me cuenta historias…
- ¡Bien! Una cucaracha que cuenta historias – volvió a escribir-. ¿Y de que tratan la historias?
- Pues, tratan de la eterna postergación y del vacío existencial del hombre contemporáneo.
- Joder. ¿O sea que no cuenta chistes o historias de la prensa rosa?
- No…
- Entonces no nos sirven. Ni siquiera son lo suficientemente patéticos como para aguantar una sesión de insultos en el plató. Lo siento Franz, pero así es el show business
- Pero si yo sólo quería preguntar sobre algún trabajo…
- Franz, como me caes bien te daré un consejo: búscate un trabajo de funcionario. La burocracia le viene bien a gente como tú. Adiós, Franz... ¡El siguiente!

Franz y Gregorio se fueron a casa, y después de beber el té y compartir una galleta, se bañaron de insecticida y murieron debajo de la cama. 

viernes, 25 de enero de 2008

La mano enyesada de Juan



Si esta noche sientes algo raro, no sé, ves una cosa blanca que pasa o escuchas un ruido en el baño o tienes la sensación de que alguien te observa... Respira hondo y... ¡No temas!

Es la mano enyesada de Juan buscando un cortauñas.

jueves, 20 de diciembre de 2007

El Cráneo de Simón Bolívar

Mi amigo Omar me llevó hoy a comprar un cráneo de Simón Bolívar en un puesto de antigüedades en el Mercado de Les Encants. Luego de estudiarlo durante un rato y de constatar que no sabíamos nada sobre huesos de gente famosa, pregunté por el precio.

- 60 euros.
- ¡Coño, ni que fuera el cráneo de Mozart! ¿No me puedes hacer una rebajita?


El dependiente se me acercó y me observó de arriba a abajo con mucho, mucho cuidado. Después me levantó el labio superior y miró mis dientes.


- Veo que eres venezolano.
- Pues sí.
- Pues mira, tengo el cráneo de Simón Bolívar que buscas, se lo vendió un colombiano a mi tatara-tatara-abuelo... - Dijo mientras sacaba una caja forrada en terciopelo negro. La abrió y adentro había un cráneo que me apresuré en fotografiar y que encabeza este post.
- Mmmm... No está mal. Pero, a ver, dígame: ¿Funciona con pilas doble A? ¿Recita el Discurso de Angostura? ¿Dicta cartas y proclamas? ¿Echa cuentos sobre Manuelita Saenz? ¿Brilla en la oscuridad?
- No. Simplemente es el cráneo original de Simón Bolívar y cada 17 de diciembre cuenta cómo se murió realmente.
- ¿Y entonces? ¿Se murió asesinado o enfermo de tuberculosis?
- No lo sé. Habla mucho y prefiero encerrarlo en su caja. Tendrás que esperar al próximo 17 de diciembre.
- No me jodas. Falta un año para el 17 de diciembre.
- Oye tío, ¿y qué puedo hacer yo? ¡Que así funciona este cráneo, joder!...
- De acuerdo. ¿Pero cómo sé que es el cráneo original de Simón Bolívar?

El dependiente alzó el cráneo, lo giró y me mostró su interior. Escrito a mano sobre la superficie cóncava pude leer:
"Ante Dios y la Patria, certifico que éste es mi cráneo original. Simón Bolívar." Y más abajo, un poco borroso: "Made in La Gran Colombia"


- La firma parece verdadera... Bueno, de acuerdo... ¿Cuánto es?
- 120 euros.
- No, no, no... Te doy 10 euros.
- 80.
- 10 euros o nada.
- Pues esperaré a otro venezolano. Ahora abundan por aquí.
- Pues hasta nunca.

Y empezaba a alejarme del puesto cuando mi amigo Omar me pidió que lo esperara. Tosió un poco, se acercó al dependiente y le dijo:


- Oiga, ¿no tendrá por casualidad el cráneo del Lazarillo de Tormes?


El dependiente miró a los lados y le respondió en voz baja:


- ¿Con o sin mandíbula inferior?
- ¿Varía mucho el precio si lo quiero con mandíbula?

Los ojos del dependiente brillaron y media hora después salimos del mercado cargando con el cráneo del Lazarillo, un fémur del Quijote y la pelvis de Ximena, la esposa del Cid.

Coño, no se puede ir a comprar huesos con un filólogo español.




miércoles, 19 de diciembre de 2007

El primer chiste















Otra vez fui arrastrado por un tsunami de trabajo y recién ahora saco la cabeza del agua. Ayer estuve en Bilbao y hoy estoy en Valencia. En ambas ciudades no he salido de una habitación en la que me encuentro haciendo entrevistas y tomando notas para un estudio de mercado que, como todos los estudios de mercado, puede servir para mucho o para nada, y aunque termine sirviendo para mucho es muy posible que luego no sirva para nada porque nadie sabe que pasará con el mercado, el tomate, la política y las sardinas hoy en la noche o mañana a las 10 diez de la mañana, por ejemplo.


O tal vez los futurólogos y tu abuela lo saben y han decidido no contarlo porque son amantes de las películas de suspense. Pero bueno, da igual. El problema es creer en las cosas cuando ocurren y luego mirar rápido hacia delante para creer en otra. Y con esto quiero decir que contra todo pronóstico Chávez perdió el referéndum, y que con toda seguridad organizará otro que difícilmente perderá después de todas las amenazas e insultos que ha repartido para que nos convenzamos de que es tan demócrata como Martí, tan pacifista como Gandhi y tan humilde como Heidi (¡Qué extraño! Todos estos nombres terminan en “i”… ¿Significará algo?). Así que habrá que votar de nuevo y no nos quedará otra sino encomendarnos a San Maquina de Votación, porque aquello que los militares llaman estrategia, pues a los civiles nos suena a trampa.

Y ya veremos lo que pasa, como también veremos lo que pasa con en el mercado, el tomate, la política y las sardinas esta noche y mañana a la 10 de la mañana. Y por cierto, mañana a las 10 de la mañana recordaré de modo gratuito el primer chiste que aprendí en mi vida, cortesía de mi querido primo Eduardo. Es un chiste que deberían practicar todos los políticos para hacer de este planeta un mundo mejor, aunque corramos el peligro de que no lo entiendan:

“Este era un perro que tenía una pata de goma de borrar. Se rascó y se borró.”

jueves, 22 de noviembre de 2007

El NO... ¡Es bueno!

Quizás, amiga/o lector venezolano, no tienes un amigo estudiante o profesor universitario que te haya hecho recuperar la fe y comprender que el domingo 2 de diciembre, día en que se vota el referéndum por la Reforma Constitucional, el abstencionismo puede ser todo lo que a ustedes les de la gana, menos algo inteligente u oportuno.

Lo diré muy claro: por primera vez en mi vida siento que no ir a votar es un abuso. Y no sólo eso, sino que es el último abuso democrático que quedará en el recuerdo. Porque aquí la cosa no se basa en el típico juego chavismo/oposición, como nos lo quieren pintar en más de un sitio, pues en esta votación no elegiremos a Chávez o a ningún asomado líder de la oposición. Aquí de lo que se trata es de responder a la pregunta: ¿quiere usted que el presidente, que ya parece un dictador, se convierta en un dictador de verdad verdad gracias a una reforma que lo eternizará en el poder? Simplemente, es aceptar o no un suicidio largo y doloroso, donde todos terminaremos por volvernos mierda mientras vemos a la muerte vestida de verde militar y paseándose en un Hummer último modelo.

Así que, amiga/o lector venezolano, por favor no seas mierda y anda a votar que NO.


martes, 16 de octubre de 2007

El negocio de mi vida

Es de madrugada y ves a un hombre que se parece a mí. Lo ves corriendo con un maletín negro por la Plaza Rius i Taulet del barrio de Gracia, en Barcelona. Lo ves desesperado y tratando de llegar a la inmensa torre del reloj que está en medio de la plaza. Lo ves y hay algo que no cuadra, hay algo, un silencio imposible, un cambio de luz o quizás una sentimiento que parece robado del tiempo. Y entonces volteas y descubres que lo persiguen tres hombres vestidos como policías de paisano. No lo dudas ni un instante: son tres hawaianos que se dejaron sus taparrabos estampados y sus collares de flores en algún hotel de mala muerte, y ahora van vestidos como los típicos hawaianos que te encuentras en todas las discotecas y que parecen policías, en lugar de hawaianos.

Abres la boca cuando ves que uno de los hawaianos dispara un arpón, y entrecierras los ojos cuando ves el arpón enterrándose en la espalda del hombre que se parece a mí. El hombre pierde un poco el equilibrio, pero sigue corriendo y pasa de largo junto a la torre del reloj. Se acerca observándote y comprendes que se dirige hacia ti. Te abraza de manera muy brusca y jadeando te dice al oído:

- ¿Eres Joe Mashud?

- ¿Qué?... - Balbuceas, porque no sabes quién carajos es Joe Mashud.

Te entrega el maletín negro a la vez que su cuerpo se se derrite y empieza a caer al suelo.

- ¿Qué coño es esto? – logras decir mientras te arrodillas y desciendes al suelo junto a él.

- Adentro del maletín... Los planos secretos de la tabla de surf plegable... - responde el hombre y muere.

Otro arpón llega volando y se te clava en el pecho. Justo después sientes que uno de los hawaianos te arranca el maletín de las manos y escuchas sus pasos alejándose en la oscuridad.

Caes al suelo de espaldas y ya no te duele el golpe que te das en la cabeza. "¿Tabla de surf plegable? Era el negocio de mi vida...", alcanzas a pensar mientras sientes el sabor de la sangre en tu boca.

Y entonces miras la torre del reloj y aunque lo intentas, no llegas a ver la hora.



P.D: Joe, sigo pensando.