Ante un fin de semana de bricolaje y el inevitable ambiente de fanatismo católico desatado que veré cerca de casa gracias a la visita del Papa a Barcelona, llego al trabajo y viene Albert y me muestra un libro sobre la vida de varios santos que encontró la otra mañana tirado en la calle. Lo abro y me encuentro con San Maximiliano Kolbe, un fraile franciscano al que mataron en Auschwitz...
Y milagrosamente, agrego otro oficio a mi lista de trabajos de ensueño: persona en el mundo que decide quién va a ser patrono de qué.
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viernes, 5 de noviembre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
Para ti...
Si fumas, escribes y además estás buscando trabajo, ésta puede ser una buena oportunidad para ti.
¡Ánimo!
¡Ánimo!
jueves, 15 de julio de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
viernes, 29 de junio de 2007
Ludwig y la hermosa Helga
Ludwig, sin saber qué hacer, miraba a la hermosa Helga que estaba apunto de subir al autobús rumbo al aeropuerto. Su corazón latía como loco y no dejaba de observar sus sensuales y delicados labios preguntándose: ¿debo besarla o no? Desesperado, comenzó a mirar hacia todas partes buscando una señal que lo ayudara a decidirse, hasta que alzó los ojos y descubrió un descomunal escrito que cubría todo el cielo: LUDWIG NO SEAS IMBÉCIL Y BESA A LA HERMOSA HELGA O LA PERDERÁS PARA SIEMPRE Y SERÁS UN MISERABLE EL RESTO DE TU VIDA.
Y claro, Ludwig no hizo nada porque no sabía leer en castellano.
Moraleja: a veces el castellano puede servir para algo.
Y claro, Ludwig no hizo nada porque no sabía leer en castellano.
Moraleja: a veces el castellano puede servir para algo.
jueves, 28 de junio de 2007
Lo de siempre
Alberto odiaba a Felipe. Felipe odiaba a Estela. Estela odiaba a Patricia y Patricia odiaba a Alberto. Los cuatro se encontraban cenando y odiándose en silencio en una cabaña a orillas de un oscuro y solitario lago. Alberto había envenenado la ensalada de Felipe. Felipe había envenenado el risotto de Estela. Estela había envenenado el bistec de Patricia y Patricia había envenenado el puré de verduras de Alberto. Estaban a mitad de la cena cuando de improviso se abre la puerta y entra Wilfred, el asqueroso monstruo del lago, que devora a Alberto, Felipe, Estela y Patricia como si fueran pan con mantequilla. Luego se come el pastel de chocolate, las fresas con crema, los melocotones en almíbar, la caja de galletas, la nutella, la cesta de frutas, la mermelada y los tres potes de helado de vainilla que estaban en el congelador. Ya con la panza llena Wilfred se dirige a la salida, pero siente un mareo y saca su teléfono para llamar a emergencias. Sólo alcanza a soltar un eructo y cae muerto.
Una hora más tarde las luces giratorias de una patrulla de policía iluminan el lago. Dentro de la cabaña el despeinado Inspector Stuart, arrodillado junto al cadáver de Wilfred, anota algo en una libreta y comenta al subteniente Joe:
- Lo de siempre. Otro pobre monstruo diabético...
Una hora más tarde las luces giratorias de una patrulla de policía iluminan el lago. Dentro de la cabaña el despeinado Inspector Stuart, arrodillado junto al cadáver de Wilfred, anota algo en una libreta y comenta al subteniente Joe:
- Lo de siempre. Otro pobre monstruo diabético...
viernes, 22 de junio de 2007
El Jorobado de Plata

*
Imagen:
Autoretrato del
Jorobado de Plata
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En las oficinas de la Asociación Trasatlántica de Dibujantes transcurría un día como cualquier otro: burocracia y una larga cola de dibujantes desempleados esperando un plato de sopa de remolacha.
En las oficinas de la Asociación Trasatlántica de Dibujantes transcurría un día como cualquier otro: burocracia y una larga cola de dibujantes desempleados esperando un plato de sopa de remolacha.
Y de repente, el sonido de unas campanas empieza a escucharse en las oficinas, en los pasillos, en los ascensores, en la cocina donde preparan la sopa de remolacha y también en las calles adyacentes. El sonido de esas campanas hace temblar de miedo a todos los dibujantes...
- ¡Oh no! ¡Es el Capriccio de Wilhelm Fitzenhagen tocado en campanas!
Los dibujantes corren aterrados y algunos se esconden bajo los escritorios y se encierran en los baños, pero otros, sacan pistolas y ametralladoras y se preparan para lo peor. Porque escuchar el Capriccio de Fitzenhagen tocado en campanas sólo puede significar que...
- ¡Prepárense! ¡Allí viene por la calle!
¡El Jorobado de Plata ha vuelto! Los dibujantes comienzan a disparar desde las ventanas del edificio pero es muy difícil alcanzarlo. El Jorobado de Plata avanza a grandes saltos, se acerca rebotando sobre su increíble joroba como una pelota de goma gigante. Entra volando y destroza las ventanas del cuarto piso y comienza a lanzar escritorios e impresoras como si fueran tomates. Disparan contra él... pero, como siempre, las balas rebotan en su portentosa joroba y a continuación se dedica a morder las pantorrillas de cuanto dibujante se cruza en su camino.
Después bebe agua en el quinto piso y cuando llega al sexto lo reciben con tres granadas. Sobrevive, descubre que se le ha despegado la suela de una bota y ahora sí que está enfadado. En el séptimo piso, contando con el apoyo de cuatro bazucas y una mina anti-submarinos, el Presidente de la Asociación decide sacar una bandera blanca.
- Señor Jorobado de Plata, ya le hemos dicho muchas veces que nadie quiere dibujarlo.
- ¡Quiero un dibujante! – Gritó el Jorobado de Plata.
- ¡Usted es políticamente incorrecto y además, es de mal gusto! Siempre le digo lo mismo: cualquier dibujante que se atreva a dibujarlo habrá acabado con su carrera. Así que no vuelva a enviar sus historias porque nadie las lee. Y yo le pido que entienda, de una vez por todas, que esta destrucción es innecesaria. Se lo pido por favor... ¡váyase y déjenos en paz!
El Jorobado de Plata se dio la vuelta y caminó hacia la salida, pero se detuvo en el umbral de la puerta, saltó de espaldas, voló por los aires y con su extraordinaria joroba cayó sobre la mina anti-submarinos.
Por quinta vez, la sede de la Asociación Trasatlántica de Dibujantes quedó en ruinas. Y de sus escombros, ahora mismo, surge una figura de color plateado que se arregla el antifaz y se va rebotando por la calle rumbo a la catedral.
El sonido del Capriccio de Fitzenhagen tocado en campanas se va alejando poco a poco, como letras que se van haciendo pequeñas hasta que ya no se pueden leer. Y entonces, sólo queda el ruido de la ciudad y una pregunta en el aire...
¿Quién va a dibujar al Jorobado de Plata?
P.D. A mi amigo Frank que está en Génova, porque algún día todos encontraremos trabajo.
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