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lunes, 19 de mayo de 2008

Victor Klemperer. LTI: La Lengua del Tercer Reich - Apuntes de un filólogo

Comparar a Hugo Chávez con otros dictadores se ha convertido en un forma de deporte, y no diré que es una práctica venezolana y mucho menos, exclusiva de la oposición. Hablo de un deporte global pasivo como cualquier otro, como el fútbol, el béisbol o el badminton, algo que presenciamos continuamente por televisión y que al conocer sus reglas nos permite generar un juicio, sentirnos expertos, partícipes y hasta eventuales entrenadores. Que si Chávez se parece un día a Pol Pot y el otro día a Stalin, y que si tiene cosas de Mussolini o de Hitler, o que recuerda a Pérez Jiménez o a Franco, que si es una mala imitación de Fidel o es más ridículo que Mobutu… Vamos, que encontrar analogías no es difícil, sobre todo, si tomamos en cuenta que las formas de dictadura no son infinitas y que la democracia, atrapada en un juego de espejos donde los medios de comunicación refractan la información cómo mejor les conviene, puede encontrarse caminando, sin previo aviso, al borde del totalitarismo (ejemplos de esto hay muchos, pero sólo digamos que nunca, nunca debemos olvidar el largo trabajo del PRI en México).

Y cuidado, en el caso del gobierno de Chávez no es cuestión de ponerse a hablar desde el candor vargallocista: el alucinado momento que vive Venezuela está muy lejos de planos teóricos, políticas europeas bien pensantes, juicios internacionales, hilos liberales o Think Tanks de jóvenes MBA dispuestos a decir “coño” y a aflojarse el nudo de la corbata para salvar al país. No. En Venezuela la democracia está totalmente drogada. Un porro inmenso, confeccionado con marihuana barata –que deja idiota y que sólo produce hambre- suelta humo desde el Palacio de Miraflores, y ese humo, aparte de no dejar ver lo que ocurre, confunde a toda la sociedad de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Y antes de que alguien venga a decirme que es venezolano, muy sano y deportista y que nunca ha probado las malditas drogas y que además odia a los cochinos drogadictos (conozco a un imbécil que me decía eso y ahora está preso por corrupción), déjenme aclararles que la marihuana barata de la que hablo es una que nos hemos estado fumando todos desde 1999: las palabras de Hugo Chávez.


¿Cómo explicar este imposible y demencial bochinche democrático - dictatorial - militarista si no es a partir del imposible y demencial discurso de Chávez? Porque creo que a estas alturas resulta obvio decir que el chavismo, simple y llanamente, es lo que a Chávez le sale de la boca, cuándo y cómo él quiera y sin importar si guarda un mínimo de lógica o coherencia con lo que dijo el día anterior. Por supuesto, siempre podemos caer en la tontería de tratar de entender algo donde no hay nada que entender, puesto que casi todo lo que dice Chávez, en el fondo, no tiene contenido. Pero hay rastros de significado, momentos fulgurantes e incluso frases llenas de sentido que guardan todo el poder hipnótico de este militar. Y yo escribo estas líneas justamente para llamar la atención sobre esas palabras, sobre ese lenguaje militar que de tanto ser pronunciado por Chávez y sus seguidores, entra cada vez más en el lenguaje de toda la sociedad venezolana. Da igual el bando al que pertenezcas, pues como afirma Victor Klemperer: “el lenguaje crea y piensa por nosotros”. Y esta afirmación, después de leer su libro LTI: La lengua del Tercer Reich – Apuntes de un filólogo, toma un peso considerable y hasta doloroso. Trato de recordar como era la política venezolana antes de que se pronunciaran palabras como batalla, misiones, comandos, batallones, enemigos, tácticas, teatro de operaciones y etc, etc, durante todo el día… Cuando no se hablaba de dios en los discursos políticos, cuando nadie iba de redentor del pueblo y cuando no hacía falta llevar todo al terreno de las emociones para así descalificar al "otro" o para manipular sembrando el fanatismo. Y me doy cuenta de que los venezolanos hace ya tiempo que cruzamos una frontera lingüística en la que las armas y la violencia, implícitamente, se arrastran de continuo entre los signos de puntuación, aguantándose aquí o allá, pero siempre apareciendo de cualquier manera.

Pienso que es duro, pero me atrevo a decir que cualquiera que desee entender el chavismo (y a muchos otros gobiernos, parecidos y no tanto) debe leer este libro de Victor Klemperer. No para terminar comparando a Chávez con Hitler, repito, sino para abrir las puertas de esos pozos muy profundos a los que llamamos palabras. Y claro, también para reflexionar sobre la manipulación, la propaganda, el control, el odio a los intelectuales, el racismo, la mediocridad y la eficacia del lenguaje y de las formas militares, sin olvidar la memoria, el perdón y la generosidad porque LTI: La lengua del Tercer Reich – Apuntes de un filólogo es un libro magnífico, con páginas que relees durante días y que dan ganas de citar de principio a fin y porque cuenta una historia que, inevitablemente, el mundo entero está repitiendo desde 1945.

P.D.: Klemperer, por supuesto, analiza los orígenes del nazismo y su lucidez lo conduce a ese desbordamiento sentimental y extremo que fue el Romanticismo Alemán del siglo XIX. Y yo pienso en los orígenes del chavismo y no pienso en el siglo XIX y la Guerra de Independencia (con Bolívar como paladín romántico), sino que recuerdo el año 1990, cuando yo estaba en un cruce de caminos cerca de Pampatar, en la Isla de Margarita, comiendo unas cachapas con unos amigos. Eran como las siete de la tarde y la cachapera estaba llena de gente, cuando de pronto, a unos diez metros, un carro frenó en seco, se abrió la puerta del piloto y se bajó un tipo que estaba muy borracho. Como si nada, se abrió el pantalón, se sacó el pene del calzoncillo y se puso a mear en medio de la calle. Un señor que estaba en la cachapera le gritó: "¿Pero qué estás haciendo cochino?" Y el borracho contestó gritándole aún más fuerte: "¡Cállate viejo guevón! ¡Que esta vaina es de los adecos!"... Y
aunque recuerdo que éramos como doce personas, todos nos quedamos en silencio y no hicimos nada de nada porque el borracho tenía toda la pinta de estar armado. Simplemente observamos como terminó de mear, se subió en el carro y se fue...

P.D.2: A los amigos del Reino de España les explico ... ADECOS son los miembros o simpatizantes del Partido Acción Democrática (AD), socialdemocratas supuestamente de centro izquierda. Inauguraron la actual democracia venezolana en 1959, y ya en los años 70 se entregaron a reinventar la corrupción en todas sus formas y expresiones, es decir, que ni dios ni el diablo dirán cuánto dinero robaron porque los adecos, hace ya tiempo, compraron su silencio. Con años de esfuerzo, abusos de poder y millones de petrodolares evaporados o mezclados con cocaína y whisky, crearon un espíritu que deformó para siempre al "pícaro venezolano" y lo convirtió en el "vivo": "¡A mí que me pongan donde haiga!" Y bueno, de allí viene Venezuela, de allí viene Chávez y su corruptela y con él, allá vamos...




jueves, 20 de diciembre de 2007

El Cráneo de Simón Bolívar

Mi amigo Omar me llevó hoy a comprar un cráneo de Simón Bolívar en un puesto de antigüedades en el Mercado de Les Encants. Luego de estudiarlo durante un rato y de constatar que no sabíamos nada sobre huesos de gente famosa, pregunté por el precio.

- 60 euros.
- ¡Coño, ni que fuera el cráneo de Mozart! ¿No me puedes hacer una rebajita?


El dependiente se me acercó y me observó de arriba a abajo con mucho, mucho cuidado. Después me levantó el labio superior y miró mis dientes.


- Veo que eres venezolano.
- Pues sí.
- Pues mira, tengo el cráneo de Simón Bolívar que buscas, se lo vendió un colombiano a mi tatara-tatara-abuelo... - Dijo mientras sacaba una caja forrada en terciopelo negro. La abrió y adentro había un cráneo que me apresuré en fotografiar y que encabeza este post.
- Mmmm... No está mal. Pero, a ver, dígame: ¿Funciona con pilas doble A? ¿Recita el Discurso de Angostura? ¿Dicta cartas y proclamas? ¿Echa cuentos sobre Manuelita Saenz? ¿Brilla en la oscuridad?
- No. Simplemente es el cráneo original de Simón Bolívar y cada 17 de diciembre cuenta cómo se murió realmente.
- ¿Y entonces? ¿Se murió asesinado o enfermo de tuberculosis?
- No lo sé. Habla mucho y prefiero encerrarlo en su caja. Tendrás que esperar al próximo 17 de diciembre.
- No me jodas. Falta un año para el 17 de diciembre.
- Oye tío, ¿y qué puedo hacer yo? ¡Que así funciona este cráneo, joder!...
- De acuerdo. ¿Pero cómo sé que es el cráneo original de Simón Bolívar?

El dependiente alzó el cráneo, lo giró y me mostró su interior. Escrito a mano sobre la superficie cóncava pude leer:
"Ante Dios y la Patria, certifico que éste es mi cráneo original. Simón Bolívar." Y más abajo, un poco borroso: "Made in La Gran Colombia"


- La firma parece verdadera... Bueno, de acuerdo... ¿Cuánto es?
- 120 euros.
- No, no, no... Te doy 10 euros.
- 80.
- 10 euros o nada.
- Pues esperaré a otro venezolano. Ahora abundan por aquí.
- Pues hasta nunca.

Y empezaba a alejarme del puesto cuando mi amigo Omar me pidió que lo esperara. Tosió un poco, se acercó al dependiente y le dijo:


- Oiga, ¿no tendrá por casualidad el cráneo del Lazarillo de Tormes?


El dependiente miró a los lados y le respondió en voz baja:


- ¿Con o sin mandíbula inferior?
- ¿Varía mucho el precio si lo quiero con mandíbula?

Los ojos del dependiente brillaron y media hora después salimos del mercado cargando con el cráneo del Lazarillo, un fémur del Quijote y la pelvis de Ximena, la esposa del Cid.

Coño, no se puede ir a comprar huesos con un filólogo español.