Mostrando las entradas con la etiqueta Serie Venezuela no existe. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Serie Venezuela no existe. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de enero de 2010

Galería de Pintura Barroca Chavista

Hace cuatro años que no veía a Cyrille Dupont, viejo amigo e informático francés que ha logrado abrirse paso como marchante de arte. Quedamos en el bar Els Tres Tombs junto a las tristes obras de remodelación del Mercat Sant Antoni, y después de contarnos la vida y tratar de recordar todas las veces que desayunamos en aquella terraza, llegó la quinta cerveza que dio paso a un sorprendente comentario:
- Y bueno Juan, no te lo vas a creer, pero ya he estado en tu país tres veces…
- ¿Ah sí? ¿Y que coño fuiste a hacer en Venezuela?
- Pues que ahora soy marchante de Pintura Barroca Chavista…
- ¿Qué?... ¿Cómo es la vaina?

Dos minutos más tarde, mis ojos se deleitaban observando el catálogo que Cyrille ha preparado para comercializar la Pintura Barroca Chavista en Europa.

- Así son las crisis, Juan. En medio de ellas siempre se desarrolla la genialidad, y ya ves, la corte chavista ha llegado a unos niveles de riqueza y refinamiento tales, que rápidamente ha reunido a un grupo de pintores bastante aceptable.

- Cyrille, esto es increíble…

- No, Juan. Lo increíble es que en la Pintura Barroca Chavista no aparece Chávez. Es algo inaudito, mira aquí —empezó a señalarme los cuadros—, mira este otro, y éste, fíjate bien… Los pintores reproducen escenas cotidianas de la corte chavista y nunca, nunca representan a Chávez…. En Venezuela la imagen de Chávez está en todas partes, y no representarlo es lo más revolucionario que puede hacer un pintor barroco chavista…
¡Mira! ¡Esto es arte revolucionario de verdad!

- ¡Vergación!
...

Así que los dejo con una selección de imágenes que Cyrille, amablemente, me ha cedido:


La infanta Doña Rosa Inés tiene dólares y tú no,
por Wilderman Herrera, oil on canvas



Yo no fui. Ministro de Justicia esperando audiencia con el Comandante,
por Osnaiker Nieto, oil on canvas



¿Con agua o con soda? Repartidor de whisky del Palacio de Miraflores,
por Wilkinson Guanipa, oil on canvas



El dinero ahora es de todos: banquero del régimen,
por Kleister José Urdaneta, oil on canvas



Acto de inscripción de Jesucristo en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV),
por Greissy Zambrano, oil on canvas



La oscuridad ahora es de todos, de la serie «La electricidad, ese maldito invento capitalista»,
por Doreidis García, oil on canvas



¿Mijito cómo sales a la calle si está tan oscuro? Mujeres lloran el asesinato de un cortesano perpetrado por la CIA, de la serie «La electricidad, ese maldito invento capitalista»,
por Doreidis García, oil on canvas



Forever young. El compañero Fidel retocando su autobiografía no oficial,
por Yutsitibilisay Moreno, oil on canvas



Vanitas chavista,
por Mayerling Colmenares, oil on canvas



martes, 12 de mayo de 2009

La pistola de palabras II

- Salve a mi amigo, doctor, ¡sálvelo!
- Oye chamo, tranquilízate. Si quieres que salve a tu amigo, TE-ME-TRAN-QUI-LI-ZAS…
- Pero, ¿lo va a salvar o no?
- Claro, no ves que en este ambulatorio hay de todo. Tenemos suelo, techo, aire y una mesa que no se la han robado porque es de cemento.
- No se burle doctor, que mi panita está agonizando… Vamos pues, ¡muévase! ¡Haga algo! ¿Dónde guarda el equipo para operar?
- En el bolsillo. Mira: tengo hilo de pescar y una navaja suiza.
- ¿De verdad es suiza?
- No.
- Cooooño...
- Mucha queja y mucha guevonada, y a mi me huele que ustedes dos andaban en una vaina rara, drogándose, metiéndose comic sans en medio de la calle…
- ¿Nosotros? ¡Ta’ loco doctor! Mi pana y yo estamos en contra de la comic sans… Eso es una lacra social que hay que borrar de la tipografía latinoamericana…
- ¿De verdad? ¿Y por qué estás tan nervioso y hablando como si estuvieras en una propaganda antidrogas?
- Bueno, doctor… Fumamos un poquito de Helvetica, y eso no jode a nadie, ¿verdá?
- Sí, sí… Ayúdame a quitarle la chaqueta, el suéter, la camisa, la franela y la camiseta a tu amigo… Con este calor de mierda, ¿por qué coño se visten así?
- ¡Sálvelo doctor!
- Veeerga… Esta herida es un desastre. Chamo, cuéntame que pasó y cuéntame la verdá, ¿okey?
- Doctor, salimos de la casa y cuando pisamos la acera ¡TUM!, una palabra perdida hirió a mi amigo en el pecho…
- ¿Otra vez? Todo el mundo viene aquí con ese cuento de la palabra perdida.
- ¡Pero es la verdad doctor! Asómese por la ventana...¿Sabe cuántas palabras perdidas están volando sobre Caracas? Palabras sin dueño que ya nadie pronunciará, atravesando un cielo sin texto, rompiendo las nubes con su ceguera, solitarias y mortales, llenas de rabia al caer como una lluvia de pianos desafinados...
- ¡Ah no! ¡Eso sí que no! No te me pongas poético que te meto un navajazo… Te me callas la boca que vamos a ver que puedo hacer con esta herida… ¡Mieeeerda!
- ¿Qué pasa?
- Que no lo hirieron con una palabra… Le metieron una estrofa completa por el pecho.
- Usted es doctor, ¡contrólole la rima, aplíquele una aliteración!
- No es tan fácil… Esta estrofa es un tetrástrofo monorrimo.
- ¿Y qué?
- Pues que es una estrofa española del siglo XII que se compone de cuatro versos alejandrinos, o sea, de catorce sílabas, con rima consonante uniforme, repartidos en dos hemistiquios de siete sílabas, con pausa o cesura entre ellos… ¡Qué cagada! No puedo extraerla. No soy médico medievalista.
- ¿Y dónde encuentro yo a un medievalista?
- En una clínica privada.
- ¡No me joda! ¿Y pa' que coño es usted médico si no sabe extraer una estrofa de mierda?
- Un momentico chamo, un momentico ahí. Yo estoy especializado en rap y en copla llanera, con dos posgrados en contrapunteo. Y cuando yo estudié, la gente no se la pasaba disparándose poesía culta que no entiende. Oye, si al menos fuesen unos pentámetros yámbicos podríamos inyectarle unos acentos, pero...
- ¡Coño sáquele esa estrofa!
- Aunque se la saque ya no serviría de nada. Siento decirte que a estas estrofas las remojan en versolibrismo, y en este momento cada palabra está mutando en el interior de tu amigo.
- ¡No puede ser!
- Sí que puede ser. En los laboratorios hacen cualquier cosa con las palabras y en este país no se respetan las leyes de la métrica.
- ¡Hijo'e'putas! O sea que, mi panita ya está muerto…
- Sí.
- ¿Y qué vamos a hacer?
- Llamar a los de la morgue. Y mientras los esperamos, ¿te queda un poquito de Helvetica?


viernes, 8 de mayo de 2009

La pistola de palabras


-->

In memoriam Ateneo de Caracas


- No está mal, mi pana… Pero, si vas y te compras una pistola de palabras… No sé, mejor haber hecho una gran inversión y te comprabas una ametralladora de palabras de una buena vez, ¿no?
- No me ladilles… Sólo me alcanzaba para comprarme una calibre 22.
- De verdad que es chiquitica… Y es de producción nacional... Chamo, ¿me dejas disparar con ella?
- ¡Claro! Pero apunta a la pared, no sea que mates a alguien de un palabrazo.
- ¡Ni que trabajara en el gobierno! Bueno, voy a disparar… ¿Estás listo?
- Dale…

… … …... ... . . . . . .... .... . . ... . . ... …...

- ¡No sale nada! ¿Seguro que está cargada?
- ¡Seguro! Vuelve a apretar el gatillo…
- ¡Okey!... ¡Voy!…




… … … ve … … …ve ….ve.. ... ... ... ... ... .. ... ... . . . .... . . . ...... ... ...




- Ay chamo, esta vaina no sirve pa`nada...
- ¡Pues dame acá guevón!
- Espérate… ¡Déjame darle otra vez!... ¡Voy!




… … … Venezuela… … es… … … … … … ... ... ... …




- ¡Funciona! ¡Sigue apretando el gatillo!
- ¡Le estoy dando! ¡Le estoy dando!




…. …. …. … … … …... ... .. ... . . . . . ........ . . . . ... … … … …



- Que va, mi pana... No sirve. Estas pistolitas siempre se encasquillan con los adjetivos.
- ¡No joda! ¡Dame esa pistola! Ya vas a ver, aquí tengo una palabra con la que sí va a funcionar…
- Chamo, ¿qué estás haciendo con ese cargador? ¡Epa, eeepa! ¿De dónde sacaste tú esa palabra esdrújula? Mira que… ¡Y es un adverbio! No chaaamo, coño, verga, cuidao, que mira que están prohibidas en la calle y te pueden…
- ¡Ya cállate!
- Pero… ¡Chamo! ¡No! ¡No te apuntes en la cabeza!
- ¡No te me acerques!… ¡Se acabó está mierda! ¡Hasta nunca!


… … … ……… . . . . . . … … .. .. . . … . .. . . . . …. ..




-¡Coñoelamadre! ¡No funciona! ¡Mierda, mierda, mierda!...
- Tranquilízate mi pana... ¡Ya pasó!... Ya pasó... Todo está bien... Así es la vaina en este país...
- Pero…
- Es así y punto…
- Y ahora… ¿Qué nos queda?
- Pues… Seguir siendo lo que siempre hemos sido: dos sustantivos sin pistola.
- Con pistola o sin pistola… ¡Es igual!
- ¿Me lo dices o me lo preguntas?
- Coño… ¡Qué jodidas son las palabras!
- Y eso que no somos poetas.




martes, 10 de febrero de 2009

Corre, Hans... ¡Corre!



(Recorte de El Correo del Oricono que me ha traído mi amigo Diego desde Venezuela... ¡Hans sigue vivo!)

jueves, 29 de enero de 2009

Mi patria

Salí del baño con la toalla amarrada a la cintura y me dirigí a la silla sobre la cual había dejado mi ropa. Saqué el reloj que guardaba en el bolsillo de la chaqueta y dije:

- Mierda.

Eran las 5 y 35 de la tarde. Hora en la que llegaría mi contacto.

Sonó el timbre y me dirigí a la puerta.

- ¿Quién es?
- El abuelito del quinto piso.
- ¿Qué quiere? ¿Una taza de azúcar?
- No. Traigo un disco de Los Zombies.
- ¿Para reír o para llorar?
- Lo siento. Soy sordo.

Abrí la puerta y allí estaba Hans, el perro salchicha que habla. Entró caminando con sus inmensas piernas que parecían zancos de segunda mano.

- Lo siento. Creo que me han seguido.
- ¿Tú eres medio guevón o qué? Si te siguieron, ¿porque has venido? Toda la misión se irá al carajo…

Hans se dirigió a la ventana y encendió un cigarrillo. Me acerqué a su lado, eché un vistazo sobre Caracas y comprobé, una vez más, que parecía una construcción de lego hecha por un niño tarado.

- Habla Hans, si no quieres que te tire por la ventana.
- Se ha descubierto otra cosa… No tiene nada que ver con lo que estamos buscando…
- Hans, no te hagas el venezolano. Quiero que hables como un perro salchicha alemán, directo y al grano.
- Sabes que se dice que han muerto algunos niños que se han lanzado desde sus balcones, con una toalla amarrada al cuello, porque se creían Superman y pensaban que podían volar...
- Sí, lo sé.
- Pues es mentira. Esos niños no han muerto. Por alguna extraña razón, los niños venezolanos que se amarran una toalla al cuello pueden volar.
- Claro. ¿Y a dónde se han ido volando?

Hans abrió la boca para responder pero se escuchó una explosión y un tiro de escopeta atravesó la puerta y le arrancó la cabeza.

Me quité la toalla de la cintura, me la amarré al cuello y salté por la ventana...

¿Fue Baudelaire el que dijo “mi patria es mi infancia?



lunes, 19 de mayo de 2008

Victor Klemperer. LTI: La Lengua del Tercer Reich - Apuntes de un filólogo

Comparar a Hugo Chávez con otros dictadores se ha convertido en un forma de deporte, y no diré que es una práctica venezolana y mucho menos, exclusiva de la oposición. Hablo de un deporte global pasivo como cualquier otro, como el fútbol, el béisbol o el badminton, algo que presenciamos continuamente por televisión y que al conocer sus reglas nos permite generar un juicio, sentirnos expertos, partícipes y hasta eventuales entrenadores. Que si Chávez se parece un día a Pol Pot y el otro día a Stalin, y que si tiene cosas de Mussolini o de Hitler, o que recuerda a Pérez Jiménez o a Franco, que si es una mala imitación de Fidel o es más ridículo que Mobutu… Vamos, que encontrar analogías no es difícil, sobre todo, si tomamos en cuenta que las formas de dictadura no son infinitas y que la democracia, atrapada en un juego de espejos donde los medios de comunicación refractan la información cómo mejor les conviene, puede encontrarse caminando, sin previo aviso, al borde del totalitarismo (ejemplos de esto hay muchos, pero sólo digamos que nunca, nunca debemos olvidar el largo trabajo del PRI en México).

Y cuidado, en el caso del gobierno de Chávez no es cuestión de ponerse a hablar desde el candor vargallocista: el alucinado momento que vive Venezuela está muy lejos de planos teóricos, políticas europeas bien pensantes, juicios internacionales, hilos liberales o Think Tanks de jóvenes MBA dispuestos a decir “coño” y a aflojarse el nudo de la corbata para salvar al país. No. En Venezuela la democracia está totalmente drogada. Un porro inmenso, confeccionado con marihuana barata –que deja idiota y que sólo produce hambre- suelta humo desde el Palacio de Miraflores, y ese humo, aparte de no dejar ver lo que ocurre, confunde a toda la sociedad de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Y antes de que alguien venga a decirme que es venezolano, muy sano y deportista y que nunca ha probado las malditas drogas y que además odia a los cochinos drogadictos (conozco a un imbécil que me decía eso y ahora está preso por corrupción), déjenme aclararles que la marihuana barata de la que hablo es una que nos hemos estado fumando todos desde 1999: las palabras de Hugo Chávez.


¿Cómo explicar este imposible y demencial bochinche democrático - dictatorial - militarista si no es a partir del imposible y demencial discurso de Chávez? Porque creo que a estas alturas resulta obvio decir que el chavismo, simple y llanamente, es lo que a Chávez le sale de la boca, cuándo y cómo él quiera y sin importar si guarda un mínimo de lógica o coherencia con lo que dijo el día anterior. Por supuesto, siempre podemos caer en la tontería de tratar de entender algo donde no hay nada que entender, puesto que casi todo lo que dice Chávez, en el fondo, no tiene contenido. Pero hay rastros de significado, momentos fulgurantes e incluso frases llenas de sentido que guardan todo el poder hipnótico de este militar. Y yo escribo estas líneas justamente para llamar la atención sobre esas palabras, sobre ese lenguaje militar que de tanto ser pronunciado por Chávez y sus seguidores, entra cada vez más en el lenguaje de toda la sociedad venezolana. Da igual el bando al que pertenezcas, pues como afirma Victor Klemperer: “el lenguaje crea y piensa por nosotros”. Y esta afirmación, después de leer su libro LTI: La lengua del Tercer Reich – Apuntes de un filólogo, toma un peso considerable y hasta doloroso. Trato de recordar como era la política venezolana antes de que se pronunciaran palabras como batalla, misiones, comandos, batallones, enemigos, tácticas, teatro de operaciones y etc, etc, durante todo el día… Cuando no se hablaba de dios en los discursos políticos, cuando nadie iba de redentor del pueblo y cuando no hacía falta llevar todo al terreno de las emociones para así descalificar al "otro" o para manipular sembrando el fanatismo. Y me doy cuenta de que los venezolanos hace ya tiempo que cruzamos una frontera lingüística en la que las armas y la violencia, implícitamente, se arrastran de continuo entre los signos de puntuación, aguantándose aquí o allá, pero siempre apareciendo de cualquier manera.

Pienso que es duro, pero me atrevo a decir que cualquiera que desee entender el chavismo (y a muchos otros gobiernos, parecidos y no tanto) debe leer este libro de Victor Klemperer. No para terminar comparando a Chávez con Hitler, repito, sino para abrir las puertas de esos pozos muy profundos a los que llamamos palabras. Y claro, también para reflexionar sobre la manipulación, la propaganda, el control, el odio a los intelectuales, el racismo, la mediocridad y la eficacia del lenguaje y de las formas militares, sin olvidar la memoria, el perdón y la generosidad porque LTI: La lengua del Tercer Reich – Apuntes de un filólogo es un libro magnífico, con páginas que relees durante días y que dan ganas de citar de principio a fin y porque cuenta una historia que, inevitablemente, el mundo entero está repitiendo desde 1945.

P.D.: Klemperer, por supuesto, analiza los orígenes del nazismo y su lucidez lo conduce a ese desbordamiento sentimental y extremo que fue el Romanticismo Alemán del siglo XIX. Y yo pienso en los orígenes del chavismo y no pienso en el siglo XIX y la Guerra de Independencia (con Bolívar como paladín romántico), sino que recuerdo el año 1990, cuando yo estaba en un cruce de caminos cerca de Pampatar, en la Isla de Margarita, comiendo unas cachapas con unos amigos. Eran como las siete de la tarde y la cachapera estaba llena de gente, cuando de pronto, a unos diez metros, un carro frenó en seco, se abrió la puerta del piloto y se bajó un tipo que estaba muy borracho. Como si nada, se abrió el pantalón, se sacó el pene del calzoncillo y se puso a mear en medio de la calle. Un señor que estaba en la cachapera le gritó: "¿Pero qué estás haciendo cochino?" Y el borracho contestó gritándole aún más fuerte: "¡Cállate viejo guevón! ¡Que esta vaina es de los adecos!"... Y
aunque recuerdo que éramos como doce personas, todos nos quedamos en silencio y no hicimos nada de nada porque el borracho tenía toda la pinta de estar armado. Simplemente observamos como terminó de mear, se subió en el carro y se fue...

P.D.2: A los amigos del Reino de España les explico ... ADECOS son los miembros o simpatizantes del Partido Acción Democrática (AD), socialdemocratas supuestamente de centro izquierda. Inauguraron la actual democracia venezolana en 1959, y ya en los años 70 se entregaron a reinventar la corrupción en todas sus formas y expresiones, es decir, que ni dios ni el diablo dirán cuánto dinero robaron porque los adecos, hace ya tiempo, compraron su silencio. Con años de esfuerzo, abusos de poder y millones de petrodolares evaporados o mezclados con cocaína y whisky, crearon un espíritu que deformó para siempre al "pícaro venezolano" y lo convirtió en el "vivo": "¡A mí que me pongan donde haiga!" Y bueno, de allí viene Venezuela, de allí viene Chávez y su corruptela y con él, allá vamos...




miércoles, 19 de diciembre de 2007

El primer chiste















Otra vez fui arrastrado por un tsunami de trabajo y recién ahora saco la cabeza del agua. Ayer estuve en Bilbao y hoy estoy en Valencia. En ambas ciudades no he salido de una habitación en la que me encuentro haciendo entrevistas y tomando notas para un estudio de mercado que, como todos los estudios de mercado, puede servir para mucho o para nada, y aunque termine sirviendo para mucho es muy posible que luego no sirva para nada porque nadie sabe que pasará con el mercado, el tomate, la política y las sardinas hoy en la noche o mañana a las 10 diez de la mañana, por ejemplo.


O tal vez los futurólogos y tu abuela lo saben y han decidido no contarlo porque son amantes de las películas de suspense. Pero bueno, da igual. El problema es creer en las cosas cuando ocurren y luego mirar rápido hacia delante para creer en otra. Y con esto quiero decir que contra todo pronóstico Chávez perdió el referéndum, y que con toda seguridad organizará otro que difícilmente perderá después de todas las amenazas e insultos que ha repartido para que nos convenzamos de que es tan demócrata como Martí, tan pacifista como Gandhi y tan humilde como Heidi (¡Qué extraño! Todos estos nombres terminan en “i”… ¿Significará algo?). Así que habrá que votar de nuevo y no nos quedará otra sino encomendarnos a San Maquina de Votación, porque aquello que los militares llaman estrategia, pues a los civiles nos suena a trampa.

Y ya veremos lo que pasa, como también veremos lo que pasa con en el mercado, el tomate, la política y las sardinas esta noche y mañana a la 10 de la mañana. Y por cierto, mañana a las 10 de la mañana recordaré de modo gratuito el primer chiste que aprendí en mi vida, cortesía de mi querido primo Eduardo. Es un chiste que deberían practicar todos los políticos para hacer de este planeta un mundo mejor, aunque corramos el peligro de que no lo entiendan:

“Este era un perro que tenía una pata de goma de borrar. Se rascó y se borró.”

jueves, 22 de noviembre de 2007

El NO... ¡Es bueno!

Quizás, amiga/o lector venezolano, no tienes un amigo estudiante o profesor universitario que te haya hecho recuperar la fe y comprender que el domingo 2 de diciembre, día en que se vota el referéndum por la Reforma Constitucional, el abstencionismo puede ser todo lo que a ustedes les de la gana, menos algo inteligente u oportuno.

Lo diré muy claro: por primera vez en mi vida siento que no ir a votar es un abuso. Y no sólo eso, sino que es el último abuso democrático que quedará en el recuerdo. Porque aquí la cosa no se basa en el típico juego chavismo/oposición, como nos lo quieren pintar en más de un sitio, pues en esta votación no elegiremos a Chávez o a ningún asomado líder de la oposición. Aquí de lo que se trata es de responder a la pregunta: ¿quiere usted que el presidente, que ya parece un dictador, se convierta en un dictador de verdad verdad gracias a una reforma que lo eternizará en el poder? Simplemente, es aceptar o no un suicidio largo y doloroso, donde todos terminaremos por volvernos mierda mientras vemos a la muerte vestida de verde militar y paseándose en un Hummer último modelo.

Así que, amiga/o lector venezolano, por favor no seas mierda y anda a votar que NO.


lunes, 25 de junio de 2007

El Monte Itome

Bebí el último trago de agua que me quedaba en la cantimplora y continué tratando de convencerme de que faltaba poco para llegar. Hacía tres horas que había abandonado el pueblo de Mavrommati y había tomado la carretera hacia el Monte Itome. Estaba sudando como un salvaje, la mochila me torcía la espalda y no me había cruzado con nadie, excepto un par de cuervos y un burro. ¿Por qué nadie en Grecia quería ir al Monte Itome? La verdad es que no lo sé, aunque sí puedo explicar por qué yo estaba allí: porque soy un cursi y porque una vez había leído la historia de la ciudad de Itome. 

Ocurrió por allá en el siglo V a.C., cuando los espartanos tomaron la ciudad y esclavizaron a sus habitantes, los hilotas. A mí siempre los espartamos me han caído mal porque no eran más que unos militares que, como todos los militares, no saben hacer otra cosa sino esperar la muerte matando a los demás. Y a mí me encantó leer que los hilotas se sublevaron y les patearon el culo, y que los espartanos sitiaron la ciudad durante diez años y no lograron tomarla, y que los atenienses cagones apenas ayudaron a los hilotas y que dio igual, porque al final los hilotas lograron librarse del yugo espartano abandonando la ciudad y el Peloponeso. Lo que oyen: para ser libres tuvieron que irse.

Y sí, de la misma manera que algunos imbéciles van a visitar la tumba de Elvis, yo soy un imbécil que quería ir a Itome. Pero caminaba y caminaba y ya empezaba a atardecer. Dos horas más tarde, administrando las pilas de la linterna, sediento y después de atravesar un tétrico campo de olivos y de pasar junto al antiguo basurero municipal, llegué a un monasterio y con el puño golpeé la inmensa puerta de madera. Me abrió un hombre y le dije:

- Por favor señor, ¿podría darme un poco de agua?
- Claro... Pero, ¿de dónde viene usted?
- De Venezuela.

El hombre abrió los ojos como un búho y luego cerró la puerta. Al rato, volvió a salir acompañado por un pope griego, muy flaco y con una inmensa barba que le llegaba al ombligo. El pope me observó y dijo:

- ¿Vienes de Venezuela?
- Sí. 
- Venezuela, al parecer, no existe.
- Sí, eso todo el mundo lo sabe.
- Y además, tú no puedes ser venezolano. Supuestamente en Venezuela sólo hay petróleo, mujeres bonitas y Hugo Chávez.
- Coño, ¿está tratando de decirme lo que yo pienso que está tratando de decirme?
- Exacto.
- O sea que, ¿usted puede leerme la mente?
- Sí.
- Entonces, ¿ahora está leyendo que yo pienso que usted es un perfecto idiota que se cree todo lo que dicen los medios de comunicación?
- Sí.
- Y veamos, ¿qué opina de este nuevo pensamiento donde yo le pido un vaso de agua?
- Que serán 3 euros.
- No voy a pagarle 3 euros, y fíjese bien, ahora estoy pensando que quiero irme y que tal vez usted pueda decirme cómo llegar a Itome.
- Sí, el camino gratuito es aquel de allá. Tenga cuidado con los barrancos y llegará en 45 minutos. Pero antes de marcharse, piénselo bien, ¿no quiere probar el camino de 10 euros?
- Pues pienso que gracias y adiós.

Seguí por el tortuoso camino gratuito y llegué a Itome, que resultó ser un montón de piedras rotas que ni siquiera podrían definirse como una ruina. Qué mierda. Además estaba muy oscuro y me sentí perdido y quise llorar, pero me aguanté las lágrimas para no deshidratarme. A la medianoche, desesperado, volví a encontrar la carretera y caí de rodillas.

Entonces, como en una película donde al guionista se le acabaron las ideas, comenzó a llover. Y mientras yo miraba al cielo y abría la boca como un embudo para beber agua, recordé aquella famosa frase que es pasto de extraños foros literarios y que parece fue inventada por un español, pero que en la cima del Monte Itome resume la esencia de Venezuela, ese país con alma pero que no existe:

“Era de noche, aunque llovía”.